20070807

11. No se fue ninguno

Imaginemos que en pleno medioevo, vasallos y campesinos se pusieran de acuerdo y decidieran decirle al señor feudal que en adelante, ya no le darían más sus tierras para que las proteja, ni le pagarían por esa protección, que ya no tolerarían más sus caprichosas decisiones ni sus vergonzantes privilegios como el derecho de pernada, y que si bien les interesaba seguir con el feudalismo, éste debería remozarse, adecuarse a los nuevos tiempos, y que por lo tanto ya no deberían existir tantos indigentes por un lado y por el otro unos pocos como el señor feudal detentando el poder y viviendo con boato tras los seguros muros de su castillo.
En síntesis, que la decisión tomada implicaría hacer para el futuro un feudalismo más justo, equitativo y participativo. Y que para realizar esa histórica transformación, le pedirían al señor feudal que fuera él mismo quien implementara el cambio.
Seguramente el señor feudal los miraría con su mejor cara de sorprendido, los felicitaría por su impactante idea, y les diría que se fueran tranquilos, que él se encargaría prestamente de la magna tarea de cambiar elstatus quo medieval y convencer a los demás señores feudales de abandonar definitivamente su mundo de privilegios.
Luego, a solas, se reiría a carcajadas de la inocente estupidez de sus vasallos... ¡Pedirle al gato que abandonen su afición por los ratones!
Volviendo al aquí y ahora argentino... ¿A quién se le podía ocurrir que esta nueva "alianza" de la corporación política que puso a Duhalde en el poder, iba a ser quien produjera la transformación de la política, la transición hacia un nuevo país, implementando profundas medidas de base, como la transformación de un estado paquidérmico en uno pequeño y eficiente?
¿Qué se hizo desde la legislatura, desde el gobierno, o en el pacto Alfonsín-Duhalde, o Duhalde-Sindicalistas, para remozar la vieja política, por diseñar una nueva ley electoral, por eliminar las jubilaciones de privilegio?
No se hizo ni se hará nada.
Seguros de tener la sartén por el mango, los señores feudales siguen jugando con fuego, ciegos y sordos a la dura realidad, en un país al borde del estallido...
Decía el viejo general que "sólo el pueblo salvará al pueblo". Habida cuenta del incierto rumbo del actual gobierno con sus idas y venidas, el tiempo que nos resta es exiguo para diseñar la estructura política de un nuevo país.
La gente cuando dice airada "que se vayan todos", quiere decir que no sólo es menester cambiar en elecciones al presidente, sino a todos los actuales gobernantes, y gestar un nuevo modelo, una estructura democrática diferente.
¿Cuál es el sentido de llamar a elecciones para elegir un nuevo presidente y continuar con la misma y excesiva cantidad de funcionarios, con la misma inapropiada estructura y organigrama funcional de los tres poderes? Que todo siga como está.
Mientras no se haga una reformulación global de la política, la segunda república que se necesita fundar seguirá en la tierra de los deseos.
Para instalar un estímulo transformador integral, producir cambios sustanciales en la esfera política y elegir administradores honestos, capacitados y patriotas, se necesita previamente modificar la estructura operativa de la función pública en todos sus estamentos.
¿Existe en los políticos y gobernantes la voluntad de hacerlo?
Permítame el lector reirme a carcajadas.
Pero insisto en un dato halagüeño:
La gente honesta está cambiando sus esquemas mentales. El tocar fondo le ha servido para tomar conciencia de su realidad, y ya no está dispuesta a tragarse más el sapo de los corruptos, mediocres, punteros políticos y chantas de siempre.
El país de los que han usado la función pública para propio beneficio, está más cuestionado que nunca.
Sus estertores mortales se intensifican.
Y simultáneamente, hay aroma a vida nueva.
Espontánea y afortunadamente, han surgido los Noé, aquellos quienes están diseñando el Arca antes de que el diluvio arrase definitivamente con esta Argentina.
¿Y quién es Noé?
Desde luego no son los políticos ni los gobernantes de estas últimas décadas, muchos de los cuales están tratando de diferenciarse del resto con la intención de ser de la partida en la nueva república.
Tampoco son los dirigentes sindicales que a lo largo de la historia se han enriquecido mientras se regodeaban discursivamente por "defender los intereses de la clase obrera".
Tampoco el poder judicial de una justicia que no juzga con justicia.
Noé es la gente que generalmente no ha participado de la política y que a partir de asambleas populares, de organizaciones no gubernamentales y de las universidades está pensando y construyendo en estos momentos el nuevo país.
Recuerdo que hace un par de años intenté organizar una lista de discusión para "pensar la Argentina del futuro", y aportar ideas y propuestas.
Se llamaba "FuturizArgentina".
No tuvo éxito.
Quizás era demasiado pronto.
Ahora, después de la bochornosa gestión de De la Rúa y de quienes le siguieron, la presencia en Internet de sitios donde encontrar y ofrecer propuestas de cambio se ha incrementado de una manera notable.
Baste citar "Respública" www.respublica.org , "Qué queremos" www.quequeremos.com.ar , y los hasta ahora tres "Manifiestos a la Nación", generados por intelectuales progresistas como Angélica Gorodischer, Héctor Timerman y el chaqueño Mempo Giardinelli autor del reciente libro"Diatriba por la Patria", en el que reproduce unos párrafos de un artículo que escribí sobre la patria contratista.
Es sitio está en: www.manifiestoargentino.cjb.net
Asombrosamente (o no tanto), las propuestas que surgen de estos "Noé", de estas organizaciones no gubernamentales, populares o académicas, coinciden en sus puntos centrales, lo cual significa que hay un consenso no sólo en el diagnóstico, sino también en el camino a seguir y las medidas a tomar.
Analicemos algunos de los puntos más importantes de esta voluntad colectiva:
1.- Reducción de los cargos de gobernantes (en municipios, provincias y estado nacional), instaurando lo que yo llamaría una "democracia de mínima expresión". Esto implicará la eliminación de cargos oficiales supernumerarios, de legisladores con legiones de ayudantes, asesores, secretarios, ñoquis (empleados estatales que cobran pero no trabajan), y demás variantes del exceso burocrático de gastos y principal artífice de la corrupción estructural estatal.
2.- Reforma del Estado. Reforma Constitucional. Reforma Electoral. Eliminación de las leyes electorales vigentes. Eliminación del sistema de Listas Sábanas por partido, sustituyéndolo por otros sistemas, como por ejemplo la Lista Única con pluralidad de candidatos y sistema de tachas. Eliminación del aporte estatal a los partidos políticos. Auditoría del origen de los fondos utilizados en las campañas electorales. Disminución de los jueces, legisladores y ministerios a la mínima expresión posible. Análisis de alternativas en tal sentido, como la puesta en funcionamiento de una Asamblea Legislativa con tantos miembros como provincias, que reemplace a las cámaras de Senadores y de Diputados. Ídem para provincias y municipios en cuanto a la composición de sus tres poderes. Poder Judicial electivo (por concurso de antecedentes) y no vitalicio.
3.- Control de Gestión. Implementación de un efectivo, eficiente y eficaz sistema de control de gestión de todos los integrantes de los tres poderes. Auditoría e investigación Integral: Deuda Externa, Privatizaciones, Corrupción, Patrimonio de los gobernantes. ¡Qué refrescante sería para la república implementar una Conadep de la deuda externa, una Conadep de la corrupción!
4.- Cruzada Anticorrupción. Implementar mecanismos legales para combatir la corrupción y eliminar la impunidad, para hacer desaparecer las prebendas y privilegios como por ejemplo las vergonzosas jubilaciones de tantos funcionarios de los sucesivos gobiernos de facto y democráticos, partidas de gastos reservados, viáticos excesivos, becas, pensiones graciables, subsidios, etc.
Eliminación de los ATN (Aportes del Tesoro Nacional) que se han usado espuriamente desde sus orígenes para cualquier fin menos para el cual fueron creados.
Está claro que las corporaciones dominantes (empresarias, políticas, sindicales, judiciales) tratarán de reacomodarse a los nuevos tiempos, para persistir en sus privilegios.
Entonces, surge la pregunta del millón:
¿Cómo modernizar el aparato político, la Administración del Estado, cómo hacer una gestión democrática de mínima expresión (sin tantos burócratas), si sabemos que estas medidas están absolutamente en contra delstatus quo actual, y que quienes deberían implementarla son los que detentan el poder y muy por el contrario tratarán de embarrar la cancha para impedirlo?
Está claro que los gatos no se van a autoprohibir el cazar ratones así nomás.
Veámoslo de este modo: en este momento hay tres bandos, tres sectores, tres realidades en el país, quienes propiciaron el infierno, quienes se merecen el cielo y quienes se redimen en el purgatorio argentino.
- El infierno argentino está ocupado por la dirigencia que ha sido alternadamente la protagonista del proceso de decadencia nacional de las últimas décadas (dirigencia política, económica, empresarial, militar, educativa, sindical, etc.).
- El cielo argentino (la esperanza), es lo que anhela el resto: aquí también hay algunos empresarios, políticos, sindicalistas, militares, profesionales y fundamentalmente el ciudadano común: la gente honesta: aquellos que nunca se enriquecieron a costa del Estado, aquellos que siempre han sido el pato de la boda, aquellos que pagan sus impuestos, que siempre han sido ciudadanos cabales, que en vez de llevarse la plata afuera, la pusieron en el país y ahora están en el "corralito", aquellos a quienes no los animan intereses personales sino esa palabra absolutamente desconocida por los hacedores del infierno: patriotismo. Sólo el accionar organizado de este bando garantizará la segunda fundación del país.
- El purgatorio argentino está conformado por los que necesitarán después de un sincero mea culpa, modificar su actitud para poder formar parte con dignidad, del bando de los honestos.
Aquí están los políticos que quizás sean admitidos por la gente luego de su actual proceso de reciclaje, los ciudadanos que tienen parte de su economía en negro, los que no pagan adecuadamente sus impuestos, los que tienen sus ahorros en dólares y euros en bancos de paraísos fiscales y decidan finalmente pensar en función del futuro país y su gente, y repatríen el dinero, y hagan empresas argentinas competitivas, nuevas fuentes de trabajo para argentinos.
Salvo en las corporaciones política-sindical-judicial, que siguen viviendo en sus nubes de ventosidades y gozan de un buen pasar gracias sus privilegios y prebendas legalizadas, ese heterogéneo eufemismo que llamamos "el pueblo" o ahora "la gente", tiene más claro que nunca que llegó la hora de barajar y dar de nuevo, pero como cuando se juega al truco, sacando del mazo ochos, nueves y comodines, las cartas que no serán de la partida, para garantizar no volver al "infierno tan temido".
Antes de que corra sangre (posibilidad siempre dolorosamente cierta)… ¿Podrá concretarse la pacífica revolución de los honestos, la de quienes pueden diseñar y construir un nuevo país?
¿Podrán los argentinos de ley vencer a los indeseables, a los corruptos, a las corporaciones de los viejos políticos, de los "sindicalistas gordos", de los jueces que no juzgan, de los empresarios de las coimas y negociados?
¿Podrán acceder al poder los éticos, los honestos, los probos, los sabios, los administradores eficientes, que trabajen por el bien común y hagan una encendida defensa de los intereses nacionales?
Y me detengo finalmente en esta última frase: "hagan una encendida defensa de los intereses nacionales", porque aquí está la esencia de la política.
La historia de los países es de algún modo, la historia de la defensa o no de sus propios intereses.
¿Sabe Argentina defender sus intereses?
Si la creatividad y el ingenio argentinos pudieron hacer estragos en cinco buques de la flota británica. ¿Fue bueno para nuestros intereses que el proyecto de desarrollo del misil Cóndor se haya desactivado? ¿Por qué los Altos Hornos Zapla, que pueden producir acero de calidad superior, ahora hacen briquetas para el asado? Las privatizaciones de nuestrasutilities (gas, petróleo, electricidad, etc.)... ¿Fueron hechas teniendo en cuenta nuestros intereses estratégicos?
Mientras tanto, el acero, la miel o los limones nacionales encuentran serias trabas para ingresar en otros países que sí defienden sus intereses, como si el discurso globalizado de la "apertura económica de los mercados" fuera (¡ES!) unidireccional...
¿Cuántos argentinos valiosos forman parte de los planteles científicos de los más importantes laboratorios, universidades, centros de investigación, y hospitales del mundo?
¿Quién ha medido en términos de pérdida económica y de intereses estratégicos, la "fuga de cerebros", la diáspora y el exilio de la inteligencia argentina desde la dictadura de junio del 66 a la fecha?
¿Por qué buscamos siempre un "enemigo externo" para explicar nuestras falencias, nuestra falta de patriotismo y la no defensa de nuestros intereses nacionales?
¿Por qué no les va tan mal con la globalización a los chilenos? ¿Por qué lograron importantes acuerdos económicos con la Comunidad Europea y con EEUU?
Porque son confiables.
Y son confiables porque son creíbles.
Y son creíbles porque defienden sus intereses.
Y defienden sus intereses porque son patriotas.
Y son patriotas porque aman a su país, y proceden en consecuencia.
Si no hay patriotismo, se da la frase de Hipólito Yrigoyen: "No temo tanto a los de afuera que nos quieren comprar, como a los de adentro que nos quieren vender".
Cada receta del FMI será una tabla de salvación o una estocada mortal, si no se defienden los intereses nacionales y no se es patriota.
Un ejemplo: La privatizaciones.
Bien hechas, eliminan la corrupción estructural, y transforman déficit en superávit, cuando se hacen patrióticamente y se audita a posteriori su accionar con un efectivo control de gestión.
Mal hechas, son fuente de negociados y sobornos.
Otro ejemplo: "Precios regulados por el mercado"
Si no hay patriotismo significará especulación, desabastecimiento y subas indiscriminadas...
¿Por qué no pensar en que haya coincidencia masiva de todos los consumidores para no comprar un producto hasta que no baje su precio a valores razonables, si priva en ellos la conciencia colectiva de defender el interés común?
Insisto:
Para que exista una Nación debe haber sentimiento nacional, y éste se evidencia cuando hay patriotismo.
El patriotismo se da cuando hay sentido de pertenencia.
Cuando hay sentido de pertenencia se ama la tierra de uno.
Cuando se ama la tierra de uno, se la defiende.
Defender el país es defender sus intereses nacionales y no los intereses personales, como han defendido los gobernantes que durante décadas, usufructuaron la política en su propio beneficio.
Parafraseando a Bill Clinton en su campaña electoral, podemos decir: ¡Son nuestros intereses, estúpido!
Junio 2002

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12. Laureles Marchitos

"Sean eternos los laureles / que supimos conseguir"
Himno Nacional Argentino

La declaración de la independencia nacional fue un acto de un puñado de corajudos ante una realidad totalmente adversa.
Como en una historia circular, casi doscientos años después, estamos los argentinos nuevamente frente a una realidad totalmente adversa, pero esta vez el coraje brilla por su ausencia.
Siempre digo que si bien hoy los tenemos en bustos de bronce, aquella era gente de carne y hueso, con virtudes y defectos como nosotros, pero con una determinación, convicciones y sentimientos patrióticos que nuestros dirigentes actuales (políticos, sindicales, empresariales) no han sabido o querido incorporar en sus vidas.
Se habían propuesto edificar una Nación libre de toda dominación extranjera, y para sostener este propósito libertario, se comprometían hacerlo"con sus propias vidas, sus haberes y fama" y además, con "la profundidad de sus talentos, la rectitud de sus intenciones y el logro del interés común".
¡Igualito que ahora!
Fueron tan previsores que también se refirieron en el acta de la independencia a los argentinos de hoy en día, cuando expresaron que esa gesta independentista estaba destinada "a la posteridad".
Nosotros somos esa posteridad, y como cuerpo social, cabe decir que evidentemente no hemos estado a la altura de las circunstancias.
No la gente, no el pueblo, sino insisto, toda nuestra clase dirigente.
Un país incipiente, apoyado en ese entonces por Inglaterra (que como estado soberano siempre tuvo presente ante todo sus propios intereses), necesitaba un apoyo económico para crecer.
Ya en esos años los comerciantes británicos evaluaban instalados en las provincias unidas de Sud América, la implementación de "empréstitos económicos".
Fue así que en plena época independentista comenzó paradojalmente el infame trajinar de nuestra dependencia económica, expresada en el concepto de "deuda externa", y que alcanza sus puntos paradigmáticos en 1822, en 1933 con el pacto Roca-Runciman, y en 1976 y años subsiguientes, en los que se han destacado alternándose pero con el mismo norte, las figuras referenciales de Martínez de Hoz, Alemann, Machinea y/o Cavallo.
En 1822, para comenzar a construir el país soñado, se priorizó apropiadamente la fundación de varios pueblos, la construcción de un puerto, de desagües y de agua corriente para Buenos Aires.
Del empréstito de un millón de libras esterlinas para tan noble propósito acordado con la londinense Baring Brothers, sólo llegaron menos de 600.000 libras en envíos parciales y no en dinero contante y sonante sino en su mayoría como letras de cambio.
En el camino habían quedado como hoy en día "coimisiones" de propios y ajenos, pago de intereses adelantados y demás delicias de la usura y la corrupción institucionalizada.
Lo peor de todo: esas obras no se realizaron...
Hermoso comienzo de "país soberano", que nuestra historia oficial no nos ha hecho registrar en nuestras mentes con el mismo énfasis con que nos obligaban a dibujar en la escuela primaria la gloriosa casita de Tucumán.
Todos sabemos cómo fue creciendo la deuda externa, pero nadie sabe dónde fue a parar el dinero prestado, a excepción de las exageradas comisiones, intereses pagados, y deudas de empresas privadas nacionales y extranjeras que Cavallo y Machinea estatizaron. Por citar algunas: Acindar, Alpargatas, Autopistas Urbanas, Banco de Italia, Bridas, Celulosa Argentina, Pérez Companc y Techint).
¿Quién se hizo cargo del pago de estas deudas de miles de millones de dólares? Desde luego que no fueron los dueños de estas empresas, sino los argentinos que pagan sus impuestos, el pueblo contribuyente, la gente honesta, los mismos que ahora están en el infame "corralito".
¿Existe un registro minucioso de la deuda externa y de la privada estatizada?
¿Alguien vio registros contables de la deuda externa?
Desde luego que no. ¡A quién se le va a ocurrir dejar las huellas de su crimen!
Todos hablan del Alfonsín de la vuelta a la democracia. Poco se dice sobre su inepta administración que incrementó la deuda en veinte mil millones de dólares, y nada hizo por eliminar la corrupción estructural.
Muchos dicen que Menem atacó la corrupción estructural, vendiendo las deficitarias empresas estatales, pero pocos recuerdan que durante su década de fiesta y boato en la que ficticiamente ingresábamos en el primer mundo, la deuda se incrementó en cien mil millones de dólares, se vendieron hasta las joyas de la abuelita, las PyMes caían como moscas y nada se hizo por desarrollar nuestro potencial industrial.
Muy por el contrario, se terminó de destruir el aparato productivo cuya agonía había ya comenzado en la era de Martínez de Hoz.
Ya que no hay ningún preso por la venta de armas a Ecuador y Croacia, ni por la mafia del oro, al menos... ¿Dónde está el dinero de esas ventas?
Si se vendieron todas nuestras utilities o intereses estratégicos, (electricidad, gas, minería, petróleo, telecomunicaciones), ¿Dónde fue el dinero?
Y ahora, después de haberlo refundido, se habla de "refundar el país", pero la clase política, militar, empresarial, sindical que condujo a nuestra Nación a este estado de desastre, no se baja del caballo, y ya están metamorfoseándose los políticos de siempre para salir al ruedo con disfraz de nuevos.
Desde que asumió el anodino gobierno de Duhalde, salvo las expresiones de deseos, no se hizo absolutamente nada por eliminar la corrupción estructural, los nefandos salarios y jubilaciones de privilegio, ni por reformar la política y el paquidérmico Estado, ni por disminuir drásticamente el gasto público.
¿Algún iluso piensa que el próximo presidente, sea quien sea, lo va a hacer?
Tampoco se ha notado en los representantes de los tres poderes que estén como nuestros patriotas fundacionales, "llenos del santo ardor de la justicia".
Sólo asistimos a través de los medios a observar el que pareciera ser único objetivo del genuflexo gobierno: "lograr -como sea- un nuevo acuerdo con el FMI".
No hay "Plan B", no oyeron hablar del "Plan Fénix" ni conocen ninguna otra alternativa patriótica y soberana para salir de la depresión económica sin enterrarnos aún más.
Es así que la gente sigue siendo manoseada, sus dineros incautados, sus salarios depreciados a un cuarto de su valor anterior, sus empresas a merced de políticas y leyes que no las defienden, de la falta de crédito, y de tremendas deudas bancarias.
Porque el tema es que alguien se tiene que hacer cargo de pagar la fiesta de otros, y ese alguien, como siempre, es el honesto habitante de Argentina, alejado de los pasillos del poder.
¿Se puede hablar de genocidio nacional? No sé. Por lo pronto genocidio es según el diccionario la aplicación sistemática de medidas encaminadas a la destrucción de un grupo étnico racial o religioso.
¿Acaso no se está disolviendo la Argentina como país?
Sólo digo que en el que fuera "granero del mundo", el hambre avanza a límites desesperantes, que hay más de la mitad de la población en estado de pobreza, que hay gente que se muere porque no tiene para comprar medicamentos o hacerse tratamientos médicos, y que los que aún no han llegado a la indigencia ven enflaquecer diariamente su patrimonio que es el fruto del esfuerzo económico de generaciones familiares y sigue siendo depreciado y dilapidado, sometido a medidas económicas inadmisibles.
Otro dato de disolución nacional: los que pueden irse porque les da el intelecto o el patrimonio, para hacerse de un porvenir en un lugar predecible donde poder proyectar su vida y planificar el futuro, continúan nutriendo las filas de la incesante diáspora a países del primer mundo.
Se trata de materia gris argentina de máximo nivel que contribuirá al incremento de las ventajas competitivas de los países desarrollados con respecto a países como su propia patria.
¡Qué paradoja cruel! Los abuelos habían elegido a Argentina como su nueva patria. Vinieron para quedarse, y fundaron aquí sus familias. Familias ahora desmembradas por la debacle socioeconómica. Familias que ahora tienen a sus nietos en la patria de sus abuelos.
Claro que estamos en default.
Pero antes que económico, el default es político, social, moral, cultural y patriótico.
Nos falta el coraje y la determinación de aquellos hombres fundaron la Argentina.
Un país en default es un país donde pierden casi todos, pero en una estructura además corrupta, los que más pierden son los más débiles: los que cumplen con la ley, los que pagan sus impuestos, los que tenían los ahorros de toda una vida de trabajo y se los incauta el gobierno y los bancos, los que no se fueron y pusieron su patrimonio y su esfuerzo en empresas, escuelas, fábricas y no contaron ni cuentan con la mínima protección estatal y legal, ni con estímulos para desarrollar su labor, y ahora están luchando a capa y espada simplemente para subsistir.
Argentina, país privilegiado en recursos ha sido desde sus orígenes (salvo escasos momentos en los que se defendió efectivamente de alguna manera la soberanía política, la independencia económica y la justicia social), tierra de expoliación planificada y sistemática de sus riquezas.
Y ahora estamos como estamos, sentados todos juntos, justos y pecadores en el banquillo de los acusados, abominados por la sociedad internacional, conminados a pagar una deuda deleznable de la cual ni un solo peso fue a parar a la gente, ni se destinó a salud, a educación, a impartir justicia, a modernizar el estado.
Fue a los bancos, fue a los funcionarios, fue a sostener el paquidérmico aparato estatal plagado de empleados públicos, fue a licuar deudas de empresas extranjeras y supuestamente "nacionales"...
No digo que no haya que pagar la deuda, porque hay una deuda legítima, pero hay otra que no lo es.
Lo que digo es que tenemos derecho a exigir y saber qué es lo que realmente debemos pagar.
Lo que también digo es que para poder pagar necesitamos antes crecer. Y no se puede crecer si se vive de ajuste en ajuste.
¿Que hizo el gobierno estadounidense después del salvaje ataque a las torres gemelas? Dispuso créditos por intereses anuales que no llegaban al 3%
¿A qué tipo de crédito pudo acceder en los últimos diez años una escuela o una empresa que generó muchas fuentes de trabajo en Argentina? A créditos con intereses en dólares del 14 al 20% anual.
¿Quienes fueron los beneficiados en uno y otro caso?
En Estados Unidos, la gente. En Argentina los mismos bancos nacionales y extranjeros que llenaron sus arcas y ahora no se hacen cargo para devolver su legítimo dinero a los ahorristas argentinos que dejaron su plata en el país porque confiaron en los bancos y en los dirigentes.
¿A quién le interesa la pobre Argentina?
A nadie, salvo que la crisis se contagie al resto de los países latinoamericanos, y por ende amenace con sus coletazos la cómoda estabilidad del primer mundo.
Argentina es hoy un chivo expiatorio providencial para ejemplificar el escarmiento.
Y cuanto más débil está, más se le podrá exigir, como por ejemplo que se deroguen las leyes penales que pueden comprometer a los banqueros extranjeros por mal manejo de sus funciones.
Mientras tanto, y como siempre ha sucedido, quienes controlan el mundo no dudarán en violar los derechos más elementales en la medida que tengan un beneficio para sus intereses estratégicos.
Si no le interesa a los argentinos, ¿a quién le va a interesar que Argentina se consoliden como país soberano?
Por eso quienes pontifican con el libre comercio, la eliminación de barreras arancelarias y otras bellezas del neoliberalismo mal entendido, no dudan en su doble discurso en favorecer en sus propias economías la elaboración de productos subsidiados, implementando el libre comercio pero en un solo sentido: de ellos para afuera.
El no pago de la deuda social interna es el caldo de cultivo para la injusticia, el hambre, la violencia, la desesperación, el vicio, las miserias físicas y morales, los movimientos revolucionarios mesiánicos de uno u otro espectro ideológico.
Y todos estos males son también consecuencia directa de la falta de educación, de cultura, de crecimiento económico. Porque los falsos mesías necesitan un pueblo ignorante y dócil, para llenarlo de palabras huecas y acallarlo con prebendas, con poco pan y mucho circo.
A todo esto seguiremos expuestos en el futuro inmediato, si no se arbitran las medidas para que el país se ponga de pie, y comience a crecer, a producir, a generar divisas.
Para pagar la deuda externa real, primero es menester pagar la deuda interna social.
¿Entenderán esto alguna vez los burócratas desde sus cómodas oficinas que sin hacerse cargo de su cuota parte de responsabilidad, consideran a la miseria, la enfermedad, la desnutrición, la violencia, la mortalidad infantil, la falta de seguridad, la dolorosa realidad del tercer mundo como meros datos estadísticos para consignar en sus planillas?
¿Contaremos en el futuro inmediato con la suficiente cantidad y calidad de argentinos corajudos que hagan valer nuestros derechos, que negocien con la frente alta ante nuestros acreedores, que hagan con sus actos de gobierno que la gente recupere la confianza en el país y sus instituciones?
A esta altura de mi vida, sé que el pesimismo no conduce a buen camino, y que el escepticismo es devastador, pero también sé que la esperanza no basta, porque creo que a la esperanza hay que acompañarla con hechos concretos.
No veo aún ni por asomo, que los partidos tradicionales se depuren. Al contrario. Perseveran lascivamente en sus propios vicios.
Tampoco veo conformarse un nuevo movimiento político con voluntad decisión e ideas innovadoras para lograr la transformación nacional.
Por ahora sólo veo más de lo mismo. No confío en la inmensa mayoría de los políticos de esta nueva democracia instaurada en 1983, por más que se reciclen y se maquillen de honestos.
Los cuatro presidentes que supimos conseguir, me parecen impresentables, porque hay un abismo entre lo que realmente son y lo que creen que son e hicieron.
Veo gente valiosa que se va del país.
Veo numerosas ONG que con su labor solidaria reemplazan el accionar que debiera ser del gobierno, y sostienen la trama de la nación.
Veo gente que sigue luchando a brazo partido por esa Argentina ideal, tan soñada como eternamente postergada.
Veo que los valores patrióticos existen, pero no en la clase dirigente sino en la gente.
Allí está la verdadera patria. Solo allí reverdecerán los ahora marchitos laureles que alguna vez supimos conseguir.
Julio 2002


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13. Tan Claro Como el Agua

¿Cuándo llegarán los tiempos en los que surjan opciones políticas innovadoras que interpreten de manera cabal la transformación que reclama la gente?
Cuentan que en su exilio de Puerta de Hierro, al principio de los años setenta y cerca de las elecciones presidenciales que llevarían al odontólogo Héctor Cámpora al gobierno, uno de los tantos visitantes que se acercaban a saludar al anciano general, le comentó que en el partido radical había surgido "... un nuevo político muy interesante, que hasta le podía llegar a hacer sombra al mismo Balbín... Es un joven de izquierda, de pelo largo y bigote, de enérgico discurso, que..."
Perón lo interrumpió, y con esa sabiduría que dan los años, no quiso desaprovechar el dato para deslizar con contundente ironía:"-Mire amigo, todos los radicales son unos guitarreros... Hablan muy bien, pero no saben gobernar..."
"-Sí, mi general - insistió el mensajero - pero mire que este joven que se llama Alfonsín, tiene..."
"-Mire mi amigo - volvió a interrumpirlo Perón - si es joven, tocará la guitarra eléctrica, pero no dejará de ser guitarrero como todos los radicales"
¡Cuánta razón! Perón no dudaba de la capacidad discursiva de los miembros del partido de Alem, pero tampoco dudaba de la escasa habilidad para transformar en hechos concretos sus encendidas y conmovedoras arengas.
Una década después, aquél joven dirigente radical de los setenta inauguraba la reinstauración democrática después de más de siete años de dictadura militar, con un sólido discurso basado en la ética, y declamando de memoria el hermoso Preámbulo de nuestra Constitución Nacional.
Es muy temprano para analizarlo, pero quizás la Historia juzgue benévolamente a Alfonsín, por ser quien representó después de los oscuros años de Videla y compañía, la "vuelta al estado de derecho".
Probablemente no quede en la frágil memoria colectiva de los argentinos que su gobierno no tomó el toro por las astas y su plan Austral de estabilización monetaria fue un cambio cosmético porque no se atrevió a ponerle el cascabel al gato.
Y cada vez que lo intentaba, se le abría un nuevo frente en contra: con los sindicatos, con el establishment local, con los militares...
Alfonsín no pudo o no supo o no entendió que debía reestructurar la economía achicando el Estado, disminuyendo el gasto público, diseñando una moderna y eficiente república acorde a los nuevos tiempos que se avecinaban.
Todo quedó en lo declamatorio, como la acertada idea de trasladar la capital a Viedma.
Los escándalos en el Banco Hipotecario y en la Aduana, la extrema soberbia y la falta de autocrítica en muchos dirigentes viejos y de la coordinadora, fueron algo así como la cereza del indigesto postre que hizo que terminara su mandato antes de tiempo con una hiperinflación a tasas del seis mil por ciento anual.
El discurso de centroizquierda del radicalismo, no fue ni chicha ni limonada, y la casa no estuvo en orden.
Con la proverbial sabiduría de los orientales, uno de los tantos caudillos del interior que había ejercido durante muchos años el gobierno de su provincia natal, entendió que su momento había llegado.
El mundo estaba cambiando a pasos agigantados, había visto los resultados del pensamiento alfonsinista, y entendió que debía adaptarse a los cambios.
“Si no puedes contra tu enemigo, únete a él".
Y el "enemigo" era según reza una estrofa del himno justicialista, el capital: ("Por ese gran argentino / que se supo conquistar / a la gran masa del pueblo / combatiendo al capital")
Los que dominan el mundo, esa entelequia conocida como el establishment internacional, era (es) absoluta y entrañable y definitivamente capitalista.
La receta del riojano fue entonces la apertura al mercado mundial, la convertibilidad dólar-peso, la supuesta drástica reducción del gasto público con la privatización de empresas estatales, y reformas por doquier: sanitarias, educativas, militares.
Desde luego, y en la antípoda del alfonsinismo a quien tan mal le había ido, se inauguró la era de las "relaciones carnales" con el representante paradigmático del neoliberalismo.
Al fin y al cabo, como bien decía una de las damas del entorno, Adelina de Viola, "-Los argentinos no quieren ser proletarios, sino propietarios".
Así, sin anestesia, se hicieron muchas cosas necesarias, y muchas otras que debieron haberse manejado con muchísima mayor prudencia, prolijidad y control.
Lo demuestra el hecho de que a la larga se destruyó el sistema educativo y la investigación científica (pilares del desarrollo de cualquier nación), el sistema hospitalario, los jubilados quedaron desprotegidos a merced de la enfermedad y la muerte, y las fuerzas armadas desmanteladas a punto tal que hoy en día, ante una hipótesis de conflicto no podríamos defender satisfactoriamente nuestro territorio nacional.
Muchas empresas y bancos extranjeros tuvieron su primavera, pero con una actitud pirata dando créditos a intereses exorbitantes en el caso de los bancos, y cobrando varias veces más caro el mismo servicio que prestaban en sus países de origen las empresas de telefonía, los proveedores de Internet, electricidad y combustibles.
Argentina había comenzado a posicionarse en el mundo, a ser tenida en cuenta, a punto tal que, como premio de alumnos aplicados y confiables, hasta pudimos ingresar a EEUU directamente sin visa.
Los excedentes económicos de un mundo desarrollado en franco crecimiento, llegaban a países emergentes como el nuestro de forma dispendiosa y alegre.
El establishment internacional llegó incluso a llevar en 1999 a Carlos Saúl al Foro Mundial de Economía para explicar "los logros" de Argentina, país que había implementado hasta sus últimas consecuencias las "exitosas pautas y recetas" del Fondo Monetario Internacional...
Argentina es, de alguna manera un evidente caso testigo no de los aciertos sino de los errores de las recetas neoliberales, y es el primer país que exhibe las consecuencias trágicas de ese modelo injusto porque inevitablemente tiene ganadores y perdedores.
Y los presuntos ganadores de hace unos años en realidad éramos perdedores natos y predeterminados, porque por ejemplo, ningún país en su sano juicio va a desprenderse del control de sus utilities, esto es, de sus intereses nacionales estratégicos.
Anne Krueger, la economista conservadora de la Universidad de Stanford, designada recientemente como subdirectora primera del Fondo Monetario Internacional y surgida del riñón republicano, se preguntaba no hace mucho"si Argentina podía tener el derecho declararse en quiebra", y hacía reflexiones de este tipo: "el gobierno argentino debe dejar flotar libremente el peso" (lo cual equivale a decir: aguántense otra hiperinflación), "Los argentinos deben acostumbrarse a tener un ingreso anual per cápita como el de los demás países latinoamericanos" (que yo traduzco: Ni se les ocurra pensar en ser alguna vez un país desarrollado, de "primer mundo"), y "Los países deben pagar sus deudas y sufrir cuando no lo hacen" (que significa: prepárense para tener más pobres, hambre, dolor, miseria, inseguridad, enfermedades, estallidos sociales y muerte)
Los mismos jerarcas que la tomaban a nuestra nación como modelo, cambiaron su tono laudatorio por otro particularmente duro y de desprecio, sometiendo al país al escarnio universal, librado a su suerte, e incluso alentando con la flotación libre del peso, a la hiperinflación, de modo tal que quienes tienen dólares frescos puedan comprar a precio vil lo que queda del país.
¿En dónde estuvo la gran falla del caudillo riojano?
En no haber sido un gobierno virtuoso. Nada más, ni nada menos.
La mejor definición de corrupción que conozco es precisamente esa: "La falta de virtud".
La falta de virtud en el ejercicio del poder implica impunidad, corrupción, prebendas, amiguismo, descontrol.
Con las privatizaciones se eliminó buena parte de la corrupción estructural instalada en las empresas del Estado, pero no se establecieron mecanismos de depuración de la corrupción en las esferas del poder político, y esa sensación de impunidad sigue aún hoy presente.
Por eso la gente, cansada, defraudada, dice no con el cerebro sino con las tripas: "Que se vayan todos".
Si Menem que tuvo coraje al implementar las reformas neoliberales, hubiera tenido la misma determinación para ejercer virtuosamente el poder en todos los ámbitos de la política, otro sería ahora nuestro país...
El país que deba administrar el próximo gobierno, desde luego que no es el mismo: Ya no quedan activos para vender, ya no somos más dueños de nuestros intereses estratégicos, y si se pretende tener una nación "sustentable" como exige el Fondo y el sentido común, ya no se podrá tener estabilidad monetaria incrementando el endeudamiento público como se hizo en la gestión menemista.
De Duhalde y de De la Rúa prefiero no opinar por el momento. Sus gestiones hablan por ellos mismos.
Y aquí estamos ahora... El anticipado llamado a elecciones le va como anillo al dedo al sistema político actual, que intenta reciclarse y perpetuarse en el tiempo impidiendo la imprescindible y profunda reforma de la política que la gente reclama.
De este modo, un utópico y eventual presidente, honesto, capacitado y patriota, totalmente desvinculado de la "vieja" política, estaría atado de pies y manos si no se reforma el desmesurado aparato estatal, no sólo en lo que hace a los cargos electorales, sino a la obsoleta estructura de quienes conforman la "planta permanente" de municipios, gobernaciones y gobierno nacional. Aquí hay que barajar y dar de nuevo si queremos realmente refundar la patria, pero no pensemos que eso ocurrirá en las próximas elecciones y con el próximo gobierno, si no se renueva totalmente el sistema vigente.
Agosto 2002