20070807

24. El realismo mágico

Analizar lo que pasa en Argentina es una tarea tan impactante como lo es la lectura de los autores más representativos de la literatura fantástica. La diferencia entre uno y otro “realismo mágico”, es que el de Borges, García Márquez, Rulfo y Carpentier son ficcionales y nos inunda de placer, y el de nuestro país es crudamente cierto y por eso nos estruja el alma, porque el resultado se ve en la decadencia del país, en los elevados niveles de pobreza extrema, en la desnutrición infantil, en la falta de capacitación de nuestros jóvenes, en la pérdida del patrimonio nacional tanto físico (inmensas extensiones de nuestro territorio que son vendidas a precio de remate, además de no tener ya ni gas, ni petróleo, ni telecomunicaciones, ni electricidad propios), como intelectual (el cerebro gris argentino que se sigue yendo del país continuamente y de a centenares)
Con sarcasmo borgesiano, la filóloga Edurne Olano dijo con el fin de quitarle mérito a los autores que produjeron el “boom” de la literatura latinoamericana, que “No es demasiado mérito para los latinos escribir cuentos y novelas fantásticas, ya que simplemente hay que ser cronista de la realidad de sus pueblos, sin necesidad de cambiar demasiado ni tramas ni personajes”.
Quien por propia decisión o por necesidad está ahora viviendo lejos de su tierra natal, y ve o lee o escucha lo que sucede en su Argentina, sin dudas no terminará de entender, a la distancia, si realmente existe una divisoria de aguas entre la literatura fantástica y la historia nacional.
¿Se puede predecir el imprevisible final de un cuento de Bioy Casares o Borges?
Imposible.
¿Es creíble el universo de palabras inventadas, animales fabulosos y mitologías extraviadas surgidas de las plumas más conspicuas de nuestras letras sudamericanas?
Sólo si entramos en el juego que la ficción nos propone.
Y si hablamos de credibilidad y predecibilidad... ¿Puede ser confiable un país signado desde hace más de medio siglo por un heterogéneo movimiento justicialista de base conservadora y populista, pero que ha contenido al más amplio espectro ideológico desde López Rega y Cámpora, hasta esta década menemista que cambió la letra de la marchita: “por ese turco-argentino / que bien supo destrozar / a la gran masa del pueblo / entregándose al Capital”?
Le propongo, paciente lector, un juego: que asuma el papel de escritor latinoamericano, simplemente haciendo una reseña de la actualidad y sus protagonistas, y sin necesidad de hacer demasiadas interpretaciones, ya que la historia se cuenta sola. Construyamos pues, a los personajes de esta nueva novela...
Por un lado, tenemos a un ex deportista motonáutico proactivo que ingresó sorpresivamente al ruedo de la vieja política argentina de la mano de Carlos Saúl, quien para remozar su gobierno entreguista decidió con sutil astucia incorporar a “ricos y famosos” sin antecedentes, como este motonauta y el corredor de fórmula uno vinculado a las actividades agropecuarias.
Nuestro primer personaje y coprotagonista de este capítulo de la novela, está vinculado a las empresas de servicios públicos privatizadas o viceversa: las empresas privatizadas tienen en él un nexo con el poder que les puede ser de utilidad a sus intereses.
Pero este personaje no está en la cocina del poder.
No ha sido tenido en cuenta en los ámbitos de decisión, salvo por los votos que podía arrastrar para las elecciones desde su imagen de “peronista moderado”.
Es un joven con sentido de la oportunidad, que prontamente aprende las mañas y agachadas de la vieja política: surgido del menemismo, habiendo luego ganado las internas porteñas para ser candidato a Jefe de Gobierno, les hace un desplante a quienes lo votaron y acepta la propuesta duhaldista de ser candidato a vicepresidente.
La vida de nuestro personaje no será una vida fácil, porque estará signada por las mutilaciones.
El Río de la Plata, y su pasión por la motonáutica le cortaron un brazo. Al presidente (el protagonista del libro), y su pasión por la política, le cortarán las piernas en los primeros capítulos de nuestra novela.
Y ya que hablamos del actor principal... Kirchner llegó sorprendente y sorpresivamente a ocupar este rol, como de descarte, después que Duhalde (ahora protagonista tras bambalinas) fracasara en su intento de poner al personaje cordobés y de convencer al automovilista santafecino.
Impulsivo y caótico como el viento sur, en un mundo en el que está manejando unánimemente otro libreto, este personaje nuestro se esforzará en demostrar lo contrario: que la izquierda y la derecha sí existen, y su decisiones harán que entremos en el túnel del tiempo, generando una polémica que nos distraerá del objetivo de crecer, desarrollar el país, de implementar un plan estratégico en salud, educación, cultura, acción social, que le dé sentido a la novela.
Para darle cierta complejidad a la obra, podemos ponerle a ambos personajes, valores positivos y aspectos ideológicos que deambulen por zonas grises, como para despertar la intriga y la incertidumbre en el lector, preguntándose a cada instante: ¿-Y qué quiso hacer con esta medida?
Ahora vayamos a la trama oculta: algo que el lector desprevenido no tenga presente, que no esté en la cuenta de quien está acostumbrado a lecturas parciales de la realidad.
Por ejemplo, imaginemos para nuestra ficción literaria, una serie de supuestos, a saber:
Los ingleses dieron en su coherente historia de corsarios, una enseñanza no aprendida por los argentinos: “Lo más importante, la razón de ser y existir de nuestro imperio, es la defensa a ultranza de nuestros intereses estratégicos, como sea, y al costo que sea, ahora y por siempre”
Los términos de derecha e izquierda en política, que como sabemos se refieren a la ubicación que tenían los partisanos parlamentarios durante la revolución francesa, son conceptos obsoletos y perimidos, ya que los parámetros actuales no son saber si uno es de derecha, izquierda, centro o sus variantes, sino si uno está del lado de la transparencia, la honestidad, la justicia social, el bienestar común, el respeto por la Ley y la Constitución, la ética, el cuidado del planeta, la lucha contra la corrupción... o en la vereda de enfrente.
Si ponemos a nuestros dos personajes en esta trama, veremos que surgirá (más allá de los dolorosos fantasmas reavivados), un impresionante juego de intereses, ya que el propósito de quienes tienen una visión global del mundo y proceden en consecuencia, es precisamente, la defensa de sus intereses, lo cual implica que cada referente de nuestra novela tiene su propia lista de aliados y enemigos. La tienen el Fondo Monetario Internacional, la tienen los diferentes grupos que conforman el poder mundial, la tienen los tenedores de los otrora suculentos bonos que daban intereses superlativos para lo que era la realidad del mundo, la tienen los empresarios extranjeros y locales que siempre tuvieron claro que su interés supranacional es “hacer caja”, y desde luego, lo tienen Néstor (Kirchner) y Daniel (Scioli).
También nos convendría para dar consistencia a nuestra trama, hacer un curso acelerado de Historia Argentina, para ver cómo se transformó el viejo refrán parafraseado, que antes hablaba de “dos veces” y ahora de “muchas veces”: “El argentino es el único animal que se tropieza muchas veces con la misma piedra”.
También podríamos tener a mano “El Príncipe” de Nicolo Machiavelli, ya que es lectura obligada para todo político que se precie de tal.
Los tratados de ética y justicia pasan lamentablemente a segundo plano, porque Machiavelo habla del poder.
Convengamos entonces en que nuestros dos personajes están al tanto de las enseñanzas de Don Nicolás.
Desde Machiavelli a la fecha, en una interpretación muy en boga en los últimos siglos, parece ser entonces que la política se ocupa del poder y los intereses, y no tiene nada que ver con la ética, la moral, la justicia, las derechas y las izquierdas. Simple y crudamente es una actividad pragmática signada por los intereses, la lucha por el poder y el conocimiento de técnicas para acceder a él.
Si Maquiavelo aconseja: “Más vale ser impetuoso que precavido”, Kirchner le sacará a Scioli de un plumazo todo indicio de construcción de poder desde el poder.
Lo disciplinará. No más dinero de la Secretaría de Turismo para que desvíe en el armado de su imagen de cara a las presidenciales 2007, no más presencia mediática del motonauta, no más once funcionarios designados por Scioli, no más equipo de Scioli en el gobierno.
Otra cosa interesante a tener en cuenta en la composición de los personajes, es que sus acciones puedan ser interpretadas de manera diferente por los lectores, de modo tal de darle mayor dramatismo a la trama y al desenlace de la novela. Por ejemplo:
Cuando el presidente tome un decisión determinada, unos lectores podrán pensar que “es un peligroso indicio de autoritarismo stalinista de alguien que pretende una conducción hegemónica” y otros que “ejerció con determinación patriótica y capacidad de gestión, el poder que la Constitución le confiere”.
Unos dirán: “Los montoneros que quedaron llegaron al poder y están tomando venganza” y otros dirán: “Al fin se hacen las cosas conforme a Derecho”.
Cuando el vicepresidente realice una acción cualquiera, un grupo de lectores pensará que “su actitud moderada y vínculos con el poder económico le ponen la cuota de racionalidad que este gobierno necesita”, y otros pensarán “este personaje es un títere de los lobbistas y grupos de poder económico que hundieron a la nación”.
La idea es que cada acción tenga varias lecturas, en función de los invisibles hilos que participan de la trama. Pero no todo es confundir al lector.
En algún momento habrá que darle claves para que entienda la historia de una novela como ésta, de final abierto...
Además, los buenos libros dejan moralejas, enseñanzas de vida, ayudan a crecer, modifican la visión del lector.
Un buen libro es aquél que después de su lectura nos hace sentir que hemos crecido por dentro. Y quizás la mejor enseñanza es que no debemos someternos mansamente a los dictados de los medios de comunicación, y ser lo suficientemente inteligentes como para pensar por nosotros mismos, de modo que la opinión pública sea tal, y no algo ferozmente condicionado por la opinión publicada.
Que debemos aprender a leer entrelíneas.
Que antes de sacar una conclusión o de tener una opinión apresurada, hay que pasarla previamente por el tamiz de la fina observación. Saber qué intereses son defendidos o atacados ante tal o cual decisión que se toma. Y por sobre todas las cosas, de entender cuándo una medida defiende o cercena los intereses del pueblo y la nación, porque de eso se trata ser soberanos.
Como el primer Alfonsín (que luego cayó en una oprobiosa pendiente carente de principios y ética y haría revolver de indignación a Alem en su tumba), nuestro personaje presidencial abrió de golpe muchos flancos, quizás demasiados: Fuerzas Armadas, Justicia, Corrupción en el PAMI...
Cada decisión que toma genera amigos y enemigos.
En algún lugar, en alguna oficina, gente que defiende intereses opuestos a los que defiende Kirchner, ya le ha bajado el pulgar.
El tiempo transcurrido y las decisiones tomadas desde que asumió la primera magistratura han sido para ellos más que suficiente.
No es alocado pensar que ya se está operando, confluyendo desde distintos ámbitos (“El enemigo de mi enemigo es mi amigo”) la caída de Kirchner.
En otro lugar, gente que defiende intereses acordes con las medidas de Kirchner, salta de júbilo convencida de que al fin se están haciendo las cosas como deben hacerse, y está decidida a apoyar a ultranza a este nuevo líder, que firma un millonario acuerdo de complementación económica con la república bolivariana de Venezuela, recibe a Castro, y los pone a parir a los empresarios españoles con intereses en Argentina.
Una manera interesante de congraciarse o despegarse afectivamente de cada protagonista, es saber quiénes son sus enemigos.
Por lo pronto, los enemigos del protagonista de nuestra novela son en principio el lobbista menemista Victorica, el propio Menem, Luis Barrionuevo, José Luis Manzano, Coti Nosiglia, Mauricio Macri y buena parte de la Patria Contratista que se enriqueció a expensas del Estado, Julio Ramos y Ambito Financiero, buena parte del establishment local, varios CEO del sistema financiero, y desde luego, los dueños de intereses que antes eran argentinos, que lo miran con recelo.
Pero como todo cambia de acuerdo a los intereses de unos y otros, no sería extraño que algunos de los citados pase del bando de los amigos. Todo es posible en la literatura fantástica… ¿Cómo sigue la novela? Pues usted, lector es el escritor de la misma... Imagine, piense, deduzca, y no se olvide que en Argentina la década menemista hizo estragos y muchas de sus consecuencias empiezan ahora a salir a la luz. Y son datos que comprometen seriamente el futuro. Mientras los jóvenes capacitados siguen yéndose al primer mundo en busca de proyectos de vida estables, casi un millón y medio de jóvenes de 15 a 25 años (de los que se quedan) ni estudian ni trabajan, mientras los índices de alcoholismo juvenil y la inseguridad en las calles crecen estrepitosamente.
Una novela de final abierto, que sin patriotismo, lucha sin cuartel contra la corrupción, sentido de pertenencia e identidad y sin defensa a ultranza de nuestros intereses nacionales, pueden llevar a presuponer que estamos ante un libro de trágico desenlace.
Ojalá no sea así. Pero esto no lo soluciona nuestra imaginación de escritores. Lo solucionan todos y cada uno de los argentinos comprometiéndose, participando, apoyando o rechazando. Porque el silencio no es neutro. Porque no comprometerse es dejar el camino expedito a los que destruyen y quieren seguir destruyendo el país, pensando sólo en sus intereses.
Un dato interesante: en la trama, lentamente, comienzan a aparecer los representantes de la “nueva política”, que afortunadamente existen en Argentina aunque sean deliberadamente ignorados por los medios de comunicación.
Se trata de unos seres extraños para la “vieja política” porque pretenden acceder al poder desde el llano, construyéndolo de abajo hacia arriba, paso a paso, sin acuerdos espurios con empresarios ni dueños de medios gráficos y audiovisuales, y tienen la peregrina idea de llevar adelante políticas de transformación nacional signadas por la ética, el respeto de la ley, la honestidad y la capacidad de gestión.
Pero esta parte de la novela ya llegará algún día a escribirse, y el libro será lógicamente distinto.
Tiempo al tiempo. Ya escribiremos esta parte de nuestra novela fantástica.
Julio 2003


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25. El fin de un ciclo

Con las últimas elecciones nacionales, provinciales y la capitalina, se cierra un ciclo en la historia reciente de nuestro país. Un ciclo que nos debe mover a la reflexión, porque el lema del mismo, masivamente compartido (“Que se vayan todos”), no fue cumplido en absoluto.
Si convenimos en que el lenguaje hablado por una comunidad, sus costumbres, las ideas religiosas predominantes, su literatura, su arte en general y su cultura, son elementos constitutivos de su espíritu nacional, entonces estaremos de acuerdo en afirmar una aparente perogrullada: que los argentinos constituimos una comunidad nacional.
El problema es que la "tradición" y esencialmente el concepto de "nación" no se refieren solamente a un "origen común", sino que además implican la existencia de un "destino común".
Ahora bien... ¿Cómo podemos hablar de "destino común" con esta diáspora continua de argentinos que se viene dando a través de las décadas? Un país que directa o indirectamente viene expulsando a sus ciudadanos, ¿alienta el espíritu nacional?
Sin hurgar demasiado en la noche de los tiempos en que el exilio por elección o impuesto era la característica, desde San Martín a Borges, desde la noche de los bastones largos hasta el país del default que dejó el peronismo menemista, por innumeras razones, legiones de compatriotas se alejaron del suelo natal, y construyeron sus nuevas realidades en otras latitudes.
Es por eso que, alentada en su momento por dictaduras militares o por ineptos gobiernos democráticos que no supieron brindar las condiciones mínimas como para poder desarrollar proyectos de vida con calidad de vida, se viene acentuando esta tendencia histórica que se evidencia en Buenos Aires en las renovadas colas de argentinos desilusionados aguardando su pasaporte al futuro en las veredas de las embajadas y en la decisión del ochenta por ciento de los jóvenes profesionales que en este momento están haciendo su doctorado, de quedarse a vivir y tentar suerte en el extranjero.
Dentro de las costumbres y dichos que contribuyen a la construcción del "carácter nacional", se encuentra el refranero popular argentino. Si bien y aparentemente el presidente K está haciendo muchas cosas bien, los memoriosos de nuestra historia reciente que recuerdan la retórica discursiva alfonsinista que pugnaba por "repatriar a nuestros investigadores" o la impronta de país "de primer mundo" que el menemismo decía imprimirle a la nación, recuerdan el refrán "El que se quema con leche, cuando ve la vaca, llora". Y por eso la prudencia en inferir conclusiones que pueden ser apresuradas, y por eso el escepticismo acerca de que Argentina se encamine esta vez sí, a su siempre “postergado destino de grandeza”.
Por eso no es suficiente esta sana intencionalidad de manejar un presupuesto nacional que ponga énfasis prioritariamente en la salud, la educación primaria y secundaria, la universidad, y la investigación científica. Se necesitaran muchos años de hacer las cosas bien, para que Argentina vuelva ser un país creíble no solamente para los extranjeros, sino para los propios connacionales.
Lo que está sucediendo supera ampliamente la imaginación y creatividad de muchos libros de ficción.
Por un lado, estamos asistiendo al fin de un ciclo que se inició con el famoso cacerolazo de diciembre de 2001 (famoso, porque para el pensamiento progre fue algo parangonable con la toma de la Bastilla: el pueblo contra la inoperancia de sus gobernantes, asumiendo el protagonismo como artífice de su propia historia).
Otros, menos ideologizados, seguirán pensando que se trató de un reclamo surgido en los bolsillos de ahorristas antes que en el corazón de argentinos patriotas, golpe institucional que fue apoyado logísticamente por propios y ajenos al nefando De la Rúa: desde Duhalde hasta Alfonsín...
El fin del ciclo al que me refiero, estimado lector, es al del "Que se vayan todos". Pues bien... No se fue ninguno. Se quedaron, y refrendados por el voto popular...
El peronismo, esta forma polifacética de ver y hacer la política, ha logrado lo imposible: iniciar un nuevo proceso de cambio, pero sin que las cosas cambien en su esencia. Y lo que es más maravilloso e increíble: que un presidente surgido a punto de partida del voto clientelístico, conseguido a fuerza de punteros bonaerenses y planes "Trabajar" y "Jefes y Jefas de Hogar" (léase prebenda, dinero sin trabajar, a cambio de votos) pretenda, desde dentro del justicialismo, luchar contra los vicios populistas del peronismo, y armar su propia estrategia de poder, para construir una democracia creíble, sustentable, sin corrupción estructural.
Dicho de otro modo: Kirchner, que es presidente gracias a la maquinaria del impresionante aparato corporativo peronista manejado por Duhalde, está intentando legitimizar y armar su poder, alejándose y combatiendo a ese peronismo prebendario que lo llevó al poder. Porque queda claro que el saludable modelo que al menos y por ahora retóricamente pretende llevar a la práctica nuestro patagónico primer mandatario, no tiene nada que ver con la tradicional construcción del poder político en Argentina, que se ha sustentado siempre en la pobreza.
Ese es el peronismo que consigue masivos votos del pobrerío recipiendario de dádivas que lo hacen cada vez más dependiente del poder. El peronismo de los caudillos feudales provinciales, el de los punteros municipales y barriales, el que sojuzga en los hechos, y ayuda al pobre en las apariencias, pero no lo dignifica ni favorece su movilización social. Un peronismo que se apuntala en la indigencia para demostrar la falsa magnanimidad de sus dirigentes. Un peronismo de votantes rehenes a los que impide crecer económica y culturalmente, para poder seguir dominándolos.
Pero queda claro, y más después de las recientes elecciones nacionales y en la ciudad de Buenos Aires, que el peronismo está omnipresente en todo el espectro ideológico.
Kirchner es un peronista progresista, Menem es un peronista pragmático, Macri es un neoperonista apuntalado por paleoperonistas, Ibarra es un aliado al peronismo progresista... El peronismo da para todo, a punto tal que en las elecciones ya se sabía de antemano que iba a ganar alguna forma de peronismo...
La pregunta del millón es si se puede llegar a construir una Argentina creíble, ética, honesta, no prebendaria, de desarrollo sustentable, desde adentro o desde afuera del peronismo...
Kirchner lo está intentando desde adentro... Otros, como Chacho Alvarez en su momento y ahora Patricia Bullrich lo trataron o tratan de hacer desde afuera del peronismo, después de haberlo intentado varias veces desde adentro.
Patricia, de probada capacidad en la gestión pública, eligió el camino más arduo: contribuir desde su experiencia en la construcción de un poder político con independientes y gente que nunca estuvo en política, lo que llevará no poco tiempo y esfuerzo, máxime si pretende armar una fuerza que se maneje como debe ser, con integridad y transparencia.
Bullrich, que no es precisamente una mujer “de derechas”, creyó contar con un aliado de fuste al unir su novel movimiento llamado “Unión por Todos”, a las huestes de López Murphy, que había salido victorioso en la Capital Federal en las elecciones nacionales.
Dicha alianza fue un fiasco. Murphy no supo o no quiso despegarse del ala fascistoide de su también incipiente movimiento, y sus propias bases le negaron el apoyo que él reclamaba para con “la piba” (mote que los jerarcas sindicales le pusieron a la entonces ministra de Trabajo, cuando ella tuvo el tupé de exigirles que presentaran la declaración jurada de bienes)
López Murphy cometió numerosos, demasiados errores que hablan de su carencia de cintura política.
No quiso presentarse como candidato a legislador para armar una seria oposición desde el Congreso, fue tibio en su apoyo a Bullrich frente a su propia tropa a la que no pudo y/o no supo conducir y que de entrada fue sin tapujos “pro Macri”, se sentó arriba del pedestal del 25% alcanzado en las nacionales en la Capital creyendo que los votos eran de él y no de la gente, y finalmente, se perjudicó a sí mismo a futuro y perjudicó las legítimas aspiraciones de Unión por Todos de acceder al gobierno de Buenos Aires y demostrar eficiencia en la gestión y transparencia en los actos de gobierno, como forma inobjetable de hacer política para la gente.
Quien sí supo demostrar ser un hábil negociador, fue Ibarra. De la nada, con un gobierno tildado masivamente de “inoperante” después de tres años de anodina gestión, logró inventar y meterse en la “polarización peronista”, sumar voluntades como la de Carrió, y sumarse al efecto de la “ola Kirchner”, para superar al neoperonista Macri.
Ni Daniel Bell con “El fin de las ideologías”, ni Francis Fukuyama con “El fin de la Historia”, parecen haber recalado en el Atlántico sur. Cuando todo decía que no existen más las izquierdas y las derechas, y que las cosas ahora se manejan en términos de la antinomia “ética, honestidad, gestión eficiente, defensa de intereses nacionales” por un lado, y “prebendas, corrupción e ineficiencia” por el otro, El Dr. K reaviva las heridas setentescas de la izquierda y derecha nacionales, y le da una nueva vuelta de tuerca a la “historia” del movimiento nacional justicialista.
Sin dudas, desde el análisis, desde la lectura, esta nueva etapa del país de los argentinos es por demás apasionante. El único problema, es que no se trata de una ficción, sino de una realidad que nos atañe e influye en nuestras propias vidas: la de los que vivimos aquí y hemos sobrevivido a la debacle que gestó el peronismo menemista, y de alguna manera la de los argentinos de la diáspora, mucho de los cuales, en un rinconcito de su corazón, alientan la esperanza de que alguna vez su patria sea un lugar creíble, donde puedan realizar sus sueños, donde puedan volver y tener un futuro predecible, donde puedan crecer sus hijos y sus nietos, en paz, armonía y felicidad.


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26. Globalización, transversalidad e intereses nacionales:
El estilo “K”


¿En qué aspectos la globalización es positiva para unos países, y un “globo” para otros? ¿Podrá lograr esta construcción transversal de la política encabezada por el “Presidente K” que nuestro país se consolide como una nación soberana, independiente y con políticos transparentes y patriotas? ¿Se pueden cambiar los vicios de la política desde adentro de la política?
La globalización es maravillosa, pero convengamos que sólo lo es para los que llevan la sartén por el mango.
Las políticas económicas implementadas para los países emergentes por los dueños de la sartén (es decir, quienes conforman el “Consenso de Washington"), no sólo no previeron sino que contribuyeron activamente a la debacle económica de Argentina durante el “menemato”.
Lejos de oponerse a las recetas del FMI, el riojano se constituyó en el mejor alumno del poder central (relaciones carnales pasivas incluidas)
Y así nos fue, al ser los argentinos, con la anuencia de su Presidente, su Congreso y la Corte de Justicia, despojados de prácticamente todo su capital, potencial y patrimonio nacionales (gas, petróleo, electricidad, telecomunicaciones, ferrocarriles, energética, desarrollos de avanzada -el misil Cóndor-, industria aeronáutica, minería, y buena parte de su territorio que está ahora en manos de particulares y empresas extranjeras)
Pero no nos engañemos.
Los mismos políticos y jueces, que desde sus bancas y estrados, avalaron la entrega del país, son -en líneas generales- los mismos que siguen en sus escaños. Esto es la quintaesencia del gatopardismo. “Que todo cambie para que nada cambie”. Los que votaron esa política neoliberal antiestatista y privatizadora, son ahora setentistas revividos que avalan esta nueva transversalidad que pretende reunir a fuerzas progresistas y de centroizquierda.
En este pendular de derechas a izquierdas, en estas veleidades de intelectualismo político y renovaciones discursivas, la vieja política se remoza, pero sin dejar de lado su esencia prebendaria, subvencionando todo lo que le permite controlar la sociedad, y mantener y construir su poder: a la protesta piquetera con ridículos "planes trabajar" que fomentan más holgazanería y clientelismo; a los escasos sindicalistas díscolos, al capitalismo empresarial que se enriqueció a costas del Estado, a los bancos que hicieron pingües negocios en la fiesta de pizza con champagne de los noventa y ahora pretenden que su fingida insolvencia (ocasionada entre otras cosas con autopréstamos de sus casa matrices), sea pagada por la gente.
A los medios de comunicación endeudados, que dependen para su subsistencia del apoyo económico de la publicidad estatal, a cambio de ser genuflexos o condescendientes al gobierno de turno.
Y en el medio de tanta tácita asociación ilícita, está la gente que sufre, la gente que es degradada en su condición al incrementársele su dependencia de un Estado dadivoso y paternalista; la gente que es honesta y no puede levantar cabeza por ser honesta en un país de corruptos; la gente que no se resigna a irse de su patria; la gente que ha visto en carne propia derrumbarse el edifico económico que habían construido varias generaciones de una familia, desde que sus padres y abuelos literalmente hicieron un país basados en el esfuerzo, el ahorro y el trabajo de sol a sol.
El “Consenso de Washington” (desde lo discursivo) aboga por políticas macroeconómicas teóricas que en la práctica han producido estragos.
Por caso, sabemos que en nuestro país se incrementó la pobreza a extremos impensables y la clase media está diezmada.
Si los objetivos del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial son respectivamente mantener la estabilidad económica mundial, y erradicar la pobreza del mundo, entonces sus gestiones han sido un exitoso fracaso, salvo que se entienda por “mundo” sólo al “primer mundo”.
Que se crea estúpidamente que una baja tasa de inflación es sinónimo de crecimiento, y que los países emergentes deben subvencionar con su patrimonio y su eterna postergación, el mantenimiento del mundo desarrollado.
Baste recordar la “estabilidad” argentina de la década del '90, con cero inflación, pero con destrucción de la industria nacional y pérdida de cientos de miles de puestos de trabajo, primer escalón de un proceso que derivó en los abrumadores niveles de pobreza extrema que supimos conseguir.
¿Quién se come ahora el verso de los noventa impulsado por los organismos internacionales de crédito y ejecutado por Menem, de que “privatizando el país” se ganaría en eficiencia, se eliminaría la corrupción estructural, y se ingresaría raudamente en el primer mundo?
Exigir solamente equilibrio fiscal desconociendo la realidad y las posibilidades de cada mercado emergente, y desentendiéndose tanto de la correcta supervisión del nivel de desempleo como de la implementación de una economía sustentable, es algo literalmente perverso e inhumano, que se paga precisamente con miseria y exclusión, con enfermedades, inseguridad, injusticias y muerte.
Lo único que lograron los integrantes del Consenso de Washington, paradigma del “nuevo orden” de este primer mundo post-socialista, ha sido incrementar las deudas externas de los países emergentes, para que sigan siendo ab aeternum naciones “en vías de desarrollo”, pero nunca desarrolladas.
Por eso, con gran precisión, el emérito profesor de la Universidad La Sapienza de Roma, Pierangelo Catalano, afirma contundentemente que para este nuevo siglo el vocablo “deuda externa” es el nuevo sinónimo de la palabra esclavitud.
Sin embargo: ¿Por qué los procesos globalizadores han significado un beneficio para Chile y no para Argentina?
Porque Chile es un país creíble al haber controlado la corrupción, y sus ciudadanos son profundamente chilenos, aman a su país, hacen del patriotismo un ejercicio cotidiano y tangible en logros para su nación.
Y volvemos a un tema recurrente: la defensa de los propios intereses.
Chile defiende como Estado sus propios intereses.
El FMI y las instituciones que controlan el proceso de la globalización, también.
Pero Argentina no sólo no los defendió, sino que los dilapidó.
Exitistas a más no poder (recordemos el apoyo a Alfonsín al principio de su mandato, el apoyo a Menem en idéntico período, y ahora el abrumador apoyo al presidente K), los argentinos estamos viendo y aplaudiendo un presidente que intenta curiosamente cambiar los vicios de la vieja política, desde su mismo seno.
Del lado positivo, vemos esa vehemencia en su postura con las empresas privatizadas que luego de las inmensas ganancias de la década del noventa, ahora amenazan con la interrupción de su servicio (luz, agua), a menos que se implemente un aumento de los mismos, como forma solapada de que sea la gente la que financie el mantenimiento y remozamiento de la estructura energética e hídrica, cosa que no se hizo en los últimos años.
Kirchner goza ahora de un nivel de popularidad y consenso que ojalá no dilapide. Aplaudimos toda medida que apunte a la defensa de nuestra soberanía, de nuestros intereses estratégicos, del control de gestión de las concesionarias de servicios vitales para la población.
Pero tenemos nuestros reparos por el manto de piedad que extiende a quienes son afines a su línea de pensamiento aunque exhiban alguna conducta censurable (Zaffaroni y una aparentemente poco transparente declaración jurada de impuestos), el Jefe del Ejército Gral. Bendini y su speech antisemita, o el acallado nepotismo del interventor del PAMI, González Gaviola)
Tiene una ventaja importante: no hay rivales políticos en el horizonte inmediato.
No hay oposición.
Lilita Carrió (más allá de sus críticas coyunturales), está absorbida por la transversalidad.
El ala de centroizquierda del por ahora desaparecido radicalismo, también.
Hasta el reaparecido Chacho Alvarez brinda su apoyo conceptual al “estilo K”.
Los sucesivos fracasos eleccionarios de Recrear y los escasos flancos censurables que exhibe el presidente, le impiden a López Murphy transformarse en un referente de la ahora inexistente oposición.
La fuerza íntegra y transparente que pretende gestar Patricia Bullrich en torno al incipiente movimiento “Unión por Todos” es hoy apenas un plantín del árbol que quiere y tiene voluntad de ser en el futuro.
En este marco, Kirchner y su equipo están tratando de construir una nueva identidad nacional, opuesta a la planteada por el menemismo, sustentada en una transversalidad ideológica que trascienda los límites del peronismo.
En principio parece ser una fuerza nueva que apunta a la dignidad nacional, la honestidad y la lucha frontal contra la corrupción, y si es así, serán muchos los peronistas y miembros de otras fuerzas los que no ingresarán en esta nueva alianza.
Sigue latente la precaución de que hay intereses que bregarán para que esta política de identidad nacional y democratización del Estado no eche raíces y se consolide, y/o para que no cobre cuerpo la alianza con Brasil en el marco del Mercosur, ni nada que implique capacidad de decisión y libre albedrío nacionales y latinoamericanos.
Por ejemplo, sugiero que analicemos en los próximos tiempos, las presiones que existirán para que se conforme el ALCA en desmedro del Mercosur.
Si bien el “que se vayan todos” no se dio de la manera esperable (todavía siguen las listas sábana, los políticos son los mismos de siempre, el financiamiento de los partidos sigue siendo el primer escalón de la corrupción, y no se ha iniciado la reforma profunda de la política), esta “gesta” transversalizadora es el camino elegido por el actual presidente para cambiar desde adentro de la política, a la misma política argentina.
También quedó claro que el “que se vayan todos” es más que nada, el recurso terminal pero civilizado que el pueblo tiene para oponerse a medidas que lesionan su condición y calidad de vida a futuro.
En este marco, la reciente rebelión boliviana en un nuevo cacerolazo sin cacerolas, es una nueva demostración de que esta ola de defensa de intereses nacionales, sumada a las coincidencias de estrategia política entre muchos de los actuales mandatarios latinoamericanos, plantean una nueva etapa en la historia de nuestros países, tan postergados en la historia y en el tiempo, tan alejados de destinos más promisorios.


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27. ¿inALCAnzable?

Los esfuerzos por crear y poner en funcionamiento la llamada Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) generan una encendida oposición en América Latina. ¿Progreso para nuestros pueblos o profundización de la dependencia?
Como todos sabemos, hay varias maneras de leer un texto. Una cosa es leerlo y digerir tal cual lo que dice, y otra cosa es tratar de comprender e interpretar lo que pretende decir su mensaje subyacente, aunque no esté escrito. Es decir, lo que hay detrás del texto. Eso es justamente, leer entre líneas. Hurgar lo implícito que está escondido tras lo explícito.
Bueno es reconocer que muchas veces es muy fácil (por lo evidente del caso), leer "entre líneas" y/o detectar una "fe de erratas". Pero otras veces no lo es tanto, especialmente cuando lo que está en juego es el futuro y la calidad de vida de millones de personas.
La fe de erratas generalmente obedece a errores de tipeo que obligan a agregar al volumen impreso, una hoja aclarando: “Donde dice tal cosa, debería decir esto otro”. Claro, esto sin llegar al extremo de un famoso volumen de poemas del diplomático, abogado y escritor mexicano Alfonso Reyes Ochoa, que provocó oportunamente un mordaz comentario del peruano Ventura García Calderón: "El amigo Reyes acaba de publicar un libro de erratas acompañado de algunos versos...” Y esta cita no es casual: todo lo escrito sobre la importancia de la conformación del ALCA, está sujeto a interpretaciones, consideraciones y erratas que bien pueden exceder en volumen a los textos oficiales.

Desde la retórica oficial, el ALCA asegura la “libre circulación sin aranceles ni trabas aduaneras, de capital y mercaderías desde Tierra del Fuego hasta Alaska”. Pero una interpretación de esto sería que por ende, no existirán medidas de protección de las industrias y productos de los países emergentes, cuyas economías son absolutamente endebles comparadas con la de EE.UU.
Desde la dialéctica de sus mentores, el ALCA es sinónimo de libertad: libertad de comercio y libertad de circulación de bienes, pero la entrelínea y la fe de erratas nos recuerdan que esto es una verdad a medias, porque no implica -por ejemplo- libertad de circulación de trabajadores por los países signatarios. Al contrario: las barreras migratorias son cada vez más estrictas en Estados Unidos.
Donde dice: “El ALCA es un gran mercado que se abastecerá a sí mismo”, también debería decir: “A EE.UU. le interesa porque se evitará la competencia de productos de Asia o Europa”.
Por eso las preguntas del millón son: ¿El ALCA asegurará la defensa de nuestros intereses estratégicos, nuestra soberanía e identidades nacionales y el cuidado del medio ambiente? La integración que plantea el ALCA ¿por qué no es explícita también en cuanto a lo social, a lo cultural, y sobre el bienestar de nuestros pueblos? ¿Por qué en países como el nuestro son afectos a la implementación del ALCA los políticos y empresarios que se enriquecieron con las políticas neoliberales mientras, a la vez, se incrementaban la exclusión social, el desempleo, la indigencia y la inseguridad hasta límites nunca vistos?
“Igualdad de trato para todas las empresas en un ámbito de libre mercado sujeto al libre juego de la oferta y la demanda”, es lo mismo que decir a los seres marinos: “El océano es de todos ustedes” Y como bien sabemos, desde que el mundo es mundo, el pez grande se come al chico... O es como decir a los animales de la selva: “La jungla es para todos”. Y ya sabemos lo que es la Ley de la selva...
Dicho de otro modo, en un ámbito de pretendida igualdad pero con distintas potencialidades, la precarización del trabajo estará a la orden del día bajo la amenaza de irse el capital inversor a otro lugar más favorable. Además, los grandes grupos económicos literalmente destruirán a las PyMEs. En el caso de Argentina, devastada en este sentido por la “impronta Menem”, un millón y medio de personas más quedarían sin trabajo, al caerse las PyMEs que sobrevivieron al menemato.
¿Cuál sería una alternativa soberana a la imposición del ALCA tal cual se pretende hacerlo funcionar? Por ejemplo, un ALCA con libertades en amplio sentido, que garantice que todos seamos ciudadanos de primera y estén dadas las seguridades para que nuestros países no sólo sean proveedores de materia prima sin valor agregado, sino que también puedan desarrollar sus industrias de base, y elaborar productos elaborados.
Las corporaciones y empresas que digitan los destinos del gran país del Norte, desde luego no tienen en cuenta los conceptos de los Jefes de Estado de Europa, cuando decían en Maastrich que “La Unión Europea, antes que un acuerdo comercial, es un tratado de integración global, esencialmente sociocultural”.
Otra pregunta cuya respuesta me encantaría conocer, es qué postura tomarían los próceres que pensaron la “Patria Grande” americana, con respecto al ALCA y al MERCOSUR. ¿Cuál sería la visión de San Martín, Artigas, Bolívar y O'Higgins? ¿Pensarían individualmente, defendiendo exclusivamente los intereses de sus respectivos países, u obrarían en sus decisiones en función de la integración latinoamericana?
Porque seamos sinceros: una es la integración americana que pensó el presidente Monroe, y otra la que pensó Bolívar.
Y siguen las preguntas: ¿cuáles son los capítulos del tratado del ALCA en donde se contemplan el freno a la destrucción de la capa de ozono, a la agresión ecológica con el uso abusivo de los recursos naturales, y donde se tenga como idea rectora el que todas las políticas apunten a implementar medidas que garanticen una existencia humana digna para todos los habitantes de los treinta y cuatro países que conformarían el ALCA?
Hasta la misma Iglesia Católica se opone a “este” ALCA sin integración sociocultural y sin igualdad de oportunidades, alertando que su concreción implicaría mayor nivel de pobreza, mayor desigualdad sociales y mayor desequilibrio económico.
Las políticas neoliberales implementadas en la mayoría de los países latinoamericanos han incrementado la desigualdad social. Mientras las clases acomodadas se solazaban de tener en las góndolas de los supermercados todo tipo de productos extranjeros, las empresas nacionales elaboradoras de alimentos iban desapareciendo, y con ello, aumentaba el desempleo y la indigencia a los límites alarmantes que hoy conocemos.
Este ALCA no significa integración continental en equidad cultural, social, política y económica. Y como está planteado, para nuestros países equivale a explotación intensiva de sus recursos naturales y depredación del medio ambiente para brindar materia prima y mano de obra barata para el Norte industrializado.
Para nuestros países, la alternativa al ALCA es -desde luego- un MERCOSUR que funcione.
Que alguien me convenza de lo contrario: mientras el MERCOSUR fue gestado a punto de partida de los intereses regionales de países como Brasil y Argentina, el ALCA se gestó como idea a partir de las necesidades de expansión comercial de EE.UU.
El tema es cuánto está dispuesto a ceder EE.UU. ante las exigencias de los países latinoamericanos, para la implementar un tratado que es vital para un país que está sometido a una severísima competencia, a la disminución del poder adquisitivo de su dólar frente a monedas como el euro, a una deuda externa colosal, y a una balanza comercial fuertemente negativa frente a los bloques que conforman Eurasia.
¿Y qué tan libre sería el comercio?
¿No se trataría acaso una libertad unidireccional?
Por lo pronto, la idea es que EEUU mantendrá los aranceles a importaciones de productos donde no es competitivo y continuará con subsidios a su agricultura. El 85% de los productos argentinos estarán abiertos al “libre comercio”. Lástima que en el 15% restante están los más importantes, como buena parte de nuestros productos agrícolas y el acero.
Para la Argentina, que es uno de los cinco mayores productores mundiales de alimentos, ¿qué beneficio le da que estén fuera del “libre comercio”, productos en los que somos líderes y competitivos como con la miel, el limón, la soja, el girasol, los distintos tipos de aceite, las manzanas y las peras?
Además, las corporaciones estadounidenses también tendrán bajo la manga, y a su disposición, algunas cartas claves como la legislación antidumping y estrictas restricciones en materia de "sanidad" para reducir importaciones de ganado y sus derivados cárnicos.
Una encuesta realizada a fines del mes pasado en universidades argentinas, ha dado una abrumadora mayoría de opiniones en contra de un ALCA como el que se viene proponiendo.
Se me ocurre aventurar que serán algunos objetivos estratégicos para potenciar el ALCA:
A) Lograr minar de mil maneras el afectio societatis entre los países que conforman el MERCOSUR, y sus socios potenciales.
B) Intentar derivar a otros ámbitos de discusión como la Organización Mundial del Comercio (OMC), los puntos en que EE.UU. no cederá, como es el caso de los subsidios agrícolas.
C) Se seguirá haciendo caso omiso a decisiones como las de la Ronda Uruguay cuyo Acta Final dice entre otras cosas: “se prestará especial consideración a los intereses exportadores de los países menos adelantados” www.sice.oas.org/trade/ronda_ur/30.asp
D) Implementar la parábola de la “rana hervida”, que cita Peter Senge en “La Quinta Disciplina”: “si quieres hervir una rana, y la pones en el agua hirviendo, lo más seguro es que la rana salte y se aleje apresuradamente. En cambio, si la pones en el agua fría, la rana retozará, pero al encender el fuego a mínimo, el agua se irá entibiando, y cuando se quiera acordar, la rana ya estará cocinada.
Mientras no se trate de un verdadero acuerdo de integración social, cultural, comercial, como lo es el Mercado Común Europeo, el ALCA será “inALCAnzable”... Y si se llega a él -como pretenden ciertas corporaciones norteamericanas-, lo definitivamente inalcanzable será un futuro promisorio para los países al sur del Río Grande.


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28. Hay un camino mejor

Nuestra presencia en el encuentro Internacional del BID, realizado recientemente en Uruguay, nos sirvió para ratificar el concepto de que no todo esta perdido, y de que no está en las políticas económicas ortodoxas del FMI, sino en el desarrollo del capital social, la clave para que Argentina salga adelante.
Mientras los ciudadanos de los países escandinavos entendieron que ellos eran los protagonistas de su propia historia y que los cambios se gestan de abajo hacia arriba, nosotros seguimos con el concepto inverso, esperando la llegada del líder magnánimo y providencial que solucionará todos nuestros problemas.
Por lo pronto, y salvo en escasísimas situaciones que lamentablemente no tuvieron continuidad en el tiempo, la sociedad argentina en su conjunto, no ha adquirido aún el grado suficiente de concientización, de condena moral a los corruptos de toda laya, de compromiso cívico, de movilización, participación y control de gestión de sus gobernantes, que debe tener todo país soberano para garantizarse, a sí mismo, el desarrollo integral de su comunidad nacional, la igualdad de oportunidades y una calidad de vida digna para todos.
En nuestro caso, mientras nos dejábamos llevar por los cantos de sirena de los gobernantes que supimos conseguir en estas dos últimas décadas, no sólo no hemos progresado sino que hemos retrocedido hasta límites impensables.
El resultado de aplicar obedientemente las recetas ortodoxas neoliberales dictadas por los centros de poder, ya desde la época de la dictadura, está a la vista: una sociedad desarticulada en un país desintegrado.
Un indicador contundente del deterioro, es lo que sucedió con la clase media en los últimos cuarenta años: de casi el 60% de clase media y 10% de pobreza en la década del sesenta, hemos pasado a tener en la actualidad sólo un 23% de clase media y casi el 60% de pobres.
Pero la enumeración de fatalidades no termina: de ser uno de los diez países más avanzados y ricos del mundo a principios del siglo pasado, ahora contamos con todas las “delicias” del subdesarrollo: pésimas condiciones sanitarias, deterioro de la calidad de vida, servicios de salud colapsados, un sistema educativo que se quedó en el tiempo, índices terribles de desnutrición infantil en el país de las vacas, el trigo y la soja, y un por demás preocupante incremento de signos de declinación moral y espiritual: el resquebrajamiento de la familia como institución fundacional de la sociedad, la falta de trabajo y por ende de expectativas de una vida digna; la baja de la autoestima, el aumento de la violencia familiar, del alcoholismo, la drogadicción y, consecuentemente de la inseguridad y el delito en sus más variadas facetas.
Si tuviéramos siempre presente que por cada argentino (niño, embarazada o anciano) que muere cada día por falta de atención médica o por enfermedades ligadas a la pobreza (tuberculosis, desnutrición, etc.), y que por cada chico que carece de los recursos mínimos como para adquirir una educación adecuada que le permita acceder a un futuro mejor, hay un funcionario corrupto que desvió hacia sus bolsillos el dinero que el pueblo pagó para salud y educación, quizás la presencia cívica de la gente sería más contundente y no seguirían hoy en sus cargos tantos funcionarios reciclados que han hecho de la política una profesión altamente redituable para engrosar sus cuentas personales.
Los vientos de cambio sólo llegarán cuando la justicia sea implacable con tanto hijo e hija de mala madre que han usado al Estado y la función pública para su propio beneficio.
Mientras no se implemente una profunda reforma de la política, todo cambio será cosmético.
Todo seguirá siendo igual mientras la gente no tome conciencia de que es la única y verdadera dueña del poder, y mientras no comprenda que cualquier funcionario público, desde una empleada estatal, un policía, un gobernador y hasta el mismísimo presidente son meros empleados que deben cumplir un mandato dado por el mismo pueblo, y que si así no lo hicieren deben ser demandados tal cual se les dice a los que juran por Dios y la Patria con sus manos sobre los santos evangelios.
Muchos países que han alcanzado un importante desarrollo económico y calidad de vida, son también aquellos que tienen niveles muy bajos de corrupción, y esto es porque existe la sanción social y el repudio de todos sus ciudadanos.
Son países en que el grado de civismo y la participación de la gente en los asuntos del Estado (que son sus propios asuntos) son muy elevados.
Un pueblo que ejerce su rol de dueño del poder, supervisa estrictamente a sus empleados, llámense éstos legisladores, intendentes, jueces, gobernadores o policías.
Un pueblo que sabe defenderse a sí mismo, tiene un gran compromiso social y es fiel custodio de la existencia de equidad, de igualdad de oportunidades, de buenos servicios educativos y de salud.
Un pueblo con estas características, cívicamente maduro, sabe que la clave está en el desarrollo del capital social, y que para ello, la principal herramienta es la participación ciudadana.
Por eso la gran importancia que adquiere el voluntariado y las organizaciones del tercer sector: organizaciones no gubernamentales que trabajan con estamentos oficiales en acciones de desarrollo social, en tareas solidarias, organizaciones no gubernamentales que también hacen control de gestión de los actos de gobierno.
¿Algunos signos de nuestra inmadurez social?
Es doloroso reconocer que en ciertas capas de nuestra sociedad es frecuente que exista cierto insano sentimiento de admiración e incluso envidia ante quien aumentó su patrimonio de forma inexplicable desde el punto de vista de la ética.
Las frases y argentinismos hablan por sí solos: “Este sí que la hizo bien”, “Este se paró para toda la cosecha”
Esta carencia de sanción social es la consecuencia lógica de la falta de sanción legal, de la inexistencia de una justicia que castigue a todo el que delinque, sea pez grande o chico.
Cuando todo está corrupto, es muy complejo y terriblemente difícil que se instale la ética en una sociedad.
Por eso es altamente auspiciosa la idea del Dr. Enrique Iglesias, Presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), denominada “Iniciativa Interamericana de Capital Social, Etica y Desarrollo”, tarea que ha encomendado al prestigioso Dr. Bernardo Kliksberg.
En los últimos días del mes pasado se realizó en la ciudad de Montevideo El Encuentro Internacional del BID, que convocó a más de dos mil participantes de 35 países y el tema excluyente fue “la agenda ética pendiente” de América Latina.
Estuve presente para conocer la “cocina” de esta importante iniciativa que cuenta con el apoyo logístico de Noruega, el país con menor índice de corrupción, y con uno de los mayores índices de desarrollo del capital social, al contar con un pueblo solidario y cívicamente activo, que vive con equidad, un Estado eficaz, y empresarios con un elevado sentido de responsabilidad social (no como los muchachos de Enron).
Nada más abrumadora que la triste experiencia de Argentina para entender que de ninguna manera el desarrollo de los pueblos se logra a partir de una visión exclusivamente economicista.
No es el capital económico sino el capital social en un marco de equidad, igualdad de oportunidades, solidaridad y ética, el que garantiza el crecimiento integral de una sociedad.
En su libro “Hacia una Economía con Rostro Humano”, Bernardo Kliksberg habla de varias falacias referidas a los problemas económico sociales de América Latina. Muchas de éstas, instaladas como supuestas verdades, se deben a la prédica incesante de la ortodoxia neoliberal: “Hay que tener paciencia y ajustarse el cinturón”, “ya vendrá la reactivación económica cuyos beneficios se derramarán hacia las clases más desfavorecidas”. Otra falacia es: “la desigualdad es algo natural y no es obstáculo para el desarrollo” La verdad es que cuanto más equidad social hay en un país, mas fácil crece económicamente, y lo prueban los países nórdicos.
Nosotros somos el viceversa y así nos va.
Esta otra surge del pensamiento liberal ortodoxo y es que “no hay otro camino” que el planteado por las políticas económicas que dictan los centros de poder. En realidad, de Martínez de Hoz a Cavallo y pasando por Alsogaray, la implementación de esta mentira y simultáneamente el evitar todo tipo de discusión sobre otras alternativas, logró lo inimaginable: que uno de los países más ricos del mundo como es Argentina, haya llegado al borde del colapso total.
Y así arribamos a la Argentina del impensado Dr. K.
A nadie se le escapa que nuestro presidente, hasta el momento, ha resultado ser un “tapado”.
De escasas o nulas posibilidades de acceder a la primera magistratura, pudo finalmente llegar a la presidencia con el poder del clientelismo prebendario del peronismo bonaerense.
Más allá de la forma de llegar al sillón de la rosada, asumamos que Kirchner, con su estilo tan peculiar, está haciendo en el tema que hoy nos toca, lo que hay que hacer.
Se está implementando una red federal de políticas sociales en cuyo diseño e implementación han intervenido organismos oficiales y organizaciones no gubernamentales.
Y en este tema, entendemos que la tarea y los objetivos impulsados por la Ministra de Desarrollo Social Alicia Kirchner, avalada por el BID y la ONU, son los adecuados: volver a la familia como motor de la sociedad, propender al desarrollo social a partir de una economía solidaria, priorizar las políticas sociales, generar cadenas productivas y oportunidades para garantizar un desarrollo sustentable.


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29. Cansancio moral


Si de niños nos educan con los valores humanos positivos como la honestidad, la ética, el respeto por la ley y el cuidado del patrimonio común (las cosas y espacios públicos), es de esperar que en la vida adulta, como ciudadanos respetuosos de la ley y las buenas costumbres, podamos vivir en una sociedad acorde con esos valores.
Eso no es precisamente lo que ha pasado en Argentina, y entender, medir y aceptar la magnitud del fracaso nacional, es algo que sorprendentemente, una inmensa mayoría de propios y ajenos, no alcanza a asumir.
En mi paso por la Medicina, me ocurrió con bastante frecuencia el caso de quien ante el dolor de su implicancia, no quería reconocer la realidad.
Recuerdo vivamente a un padre que se enfureció conmigo cuando le expliqué, de la manera más afectuosa posible, que su hijo tenía el Síndrome de Down, negándome rotundamente algo harto evidente; o cuando un colega me comentó que había ido a verlo una paciente mía con una típica soriasis, para que le diera un diagnóstico distinto -porque según ella- yo estaba equivocado…
La Argentina promisoria, la que pudo ser una nación de la jerarquía de las hoy más desarrolladas, es a la luz del nuevo siglo una patética imagen del fracaso total.
Un fracaso que implica vidas consumidas, proyectos destruidos, esfuerzos malogrados, ilusiones dilapidadas de tantos inmigrantes y su descendencia, enfermedades y muertes que hubieran sido evitables; desazón y escepticismo para aquellos que aún viven o sobreviven en la gran Deudora del Sud: deudora económica y deudora moral.
Porque entendámoslo bien: si solamente se pagara lo que pretende el Dr. K, es decir sólo una cuarta parte de la deuda, se necesitaría un cuarto de siglo de trabajo fecundo, con un importante superávit anual en la balanza comercial.
O sea que por lo menos, tenemos veinticinco años de espera para tener el estándar de vida de digamos... España.
Para que se haya hecho lo que se ha hecho, para rifar el país, para quedarse el pueblo sin nada y unos pocos con los pingües ingresos que genera la corrupción, sólo fue necesario algo muy evidente: que la ley fuera amordazada, que la justicia no ejerciera su imprescindible acción ejemplarizadora.
Porque la otra cara de los ex presidentes incompetentes y/o corruptos, de los sindicalistas multimillonarios, de los empresarios mafiosos, de los legisladores y demás funcionarios públicos coimeros, es la cara de esta realidad estremecedora: un país fundido, sin ninguno de sus bienes fundamentales en su poder (todo se privatizó, se privatizó mal, y no se ejerció el control del Estado sobre los bienes y servicios privatizados), con más de once millones de personas en situación de indigencia y emergencia social (hambre y desnutrición, falta de instrucción elemental), creando ésto un caldo de cultivo ideal para situaciones que derivan en la creciente inseguridad pública y en la degradación sociocultural.
Estos señores con nombre y apellido, estos señores y señoras adinerados con el dinero de la gente honesta que paga sus impuestos y con el de los malvendidos bienes del país, son los responsables directos de la inseguridad que se vive, de los proyectos de vida destruidos, de las familias desmembradas, de la deuda externa e interna, de los secuestros extorsivos, de la prostitución infantil, de las violaciones, de todas las formas de degradación social, de la proliferación del uso de estupefacientes y sus consecuencias colaterales, de los tantos cerebros limados de nuestra juventud, de la falta de calidad educativa que hace que se entronice la ignorancia y la mediocridad al son de la cumbia villera y los “pibes chorros”; de las muertes de innumerables personas (por enfermedad, por falta de medicamentos, por falta de atención médica, o por causa de hechos de violencia de todo tipo), y del coletazo de su accionar inmoral como gobernantes o como empresarios o como sindicalistas, o como representantes de sectores del quehacer nacional.
Y este coletazo es el que implicará esta pérdida de al menos dos generaciones de argentinos, argentinos de la pobreza extrema, de sistemas neuronales deteriorados por el alcohol o por las drogas o por la falta de alimentación adecuada, a los que hay que sumar algebraicamente, con signo negativo, a otros miles de argentinos honestos, laboriosos y capacitados que dejaron su patria y se fueron a integrar las huestes de los países del primer mundo: un valiosísimo capital intelectual perdido para el país posible, y que es imposible de ponderar, por su valor en sí, y por el efecto transformador que su accionar constante hubiera significado para la construcción de un país que desde hace ya demasiadas décadas, se viene destruyendo.
En esta Argentina corrupta y sin justicia ejemplarizadora, los que llevan las de perder son los honestos: los que respetan la ley, los que pagan sus impuestos, los que pagaron hace años el “ahorro forzoso”, los que apostaron al peso argentino porque según un idiota de turno dijo que “el que apuesta al dólar pierde”, los que trabajan decentemente, los pequeños y medianos empresarios que tienen a todos sus empleados en blanco, los que cruzan las calles por las esquinas, los que levantan en las plazas la caca de su perros, los que tienen sus papeles en regla, los que destinan su patrimonio a la educación y a la cultura, los dueños de los más de ochenta colegios que desaparecieron en Buenos Aires en los últimos seis años, los que vieron que la “inamovible” ley de la convertibilidad se esfumó y vieron disminuir por decreto su patrimonio a un tercio del valor, los que depositaron sus ahorros en el corralito y el corralón y fueron literalmente robados, los que confiaron en el presidente de turno, los que confiaron en el radicalismo, los que confiaron en el peronismo, los que confiaron en el cavallismo, los que confiaron.
Los honestos no terminan de entender que si no todo el sistema es honesto, siempre llevarán las de perder.
Porque hay “otra” Argentina, la de los vivillos, la de los oportunistas, la de los que lamentablemente se cansaron de ser honestos porque siempre llevaron las de perder y la de los corruptos enquistados en el poder que se mantienen y consolidan gracias a las exacciones que le hacen al país de los honestos.
Unos se cansan de las injusticias, del maltrato, de la falta de responsabilidad social, de la falta de un desarrollo sustentable, de un plan estratégico que piense la Argentina de los próximos veinte años, y transforman en círculo la recta unidireccional que trazaron sus abuelos extranjeros, yéndose del país, y creando en su mente para sustentar su añoranza, un país ideal que en la realidad no se concretó. Rescatan lo bueno: la música, las costumbres, las comidas, el concepto de esa “argentinidad” maravillosa nutrida de amistad sincera y “gauchadas”, y la esperanza ilusa de que alguna vez las cosas van a cambiar en el país que dejaron y que siempre llevan en su corazón.
La capacidad de aprendizaje es escasa. Muy lentamente se va aprendiendo. Y aunque se repiten los apoyos masivos al presidente de turno (Kirchner, de la nada, consiguió el consenso que inicialmente tuvieron por ejemplo, Alfonsín y Menem), una cada vez más sabia y mayor porción de los argentinos que se quedaron, tienen hacia el primer mandatario, un “apoyo crítico”, y no incondicional como en el pasado reciente.
No creo en los mesías salvadores, en los líderes iluminados que sacarán al pueblo del estado de ignominia en que lo dejaron los líderes iluminados anteriores, esos que “no nos iban a defraudar”.
Ser optimista a ultranza está claro que no es bueno. Como tampoco lo es ser escéptico o peor aún, decididamente pesimistas. Pero en este cansancio moral de los honestos se ve reflejada la cruda realidad del país que no fue.
Lo que también queda claro es que el día que las cárceles estén llenas de corruptos, y sus dineros mal habidos vuelvan transformados en más cultura y más educación y fuentes de trabajo, los honestos, recién ahí, y solamente ahí, van a empezar a creer que hacer las cosas bien, a la larga dan resultado.


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30. La verdad de la mentira

Imaginemos y visualicemos esta típica escena bucólica
“El pastor, cayado en mano, arenga a los perros ovejeros, quienes velozmente cumplen con su misión de conducir a los dóciles ovinos a los sitios de pastoreo que el dueño del rebaño ha indicado. Hoy se alimentarán de lo que hay en esta parcela, mañana de los pastizales que hay en aquella otra, cercana al arroyo surcado por esos chopos temblones que se mueven al ritmo del generoso viento. Los perros no hacen su eficiente trabajo gratuitamente. Deben ser cuidados y alimentados. El pastor y el dueño de las ovejas saben esto, porque saben también que para lograr su propósito de conducir al rebaño, la tarea de los perros es insustituible”
(Bechi Fuerte, “Los perros ovejeros”)


El texto precedente no tendría nada de particular si no diéramos una vuelta de tuerca en aras de la metáfora, y dijéramos que el “pastor” representa al gobernante de turno, “el rebaño” al pueblo, y “el dueño” a las grandes corporaciones económicas y a todos los que ejercen -tras bambalinas- el poder mundial, generando políticas y estrategias para defender sus intereses y acrecentando su poder y su capital. Que los pastizales son las “noticias” que dueño y pastor quieren que las ovejas consuman, y finalmente, que los perros ovejeros simbolicen a los más influyentes medios de comunicación, que “forman” opinión en la gente.
Podremos cambiar situaciones climáticas y escenografía, el nombre de los países y de los gobernantes, en síntesis, los actores y el teatro, pero siempre tendremos la misma trama subyacente, el mismo tema de fondo: el de las ovejas que siguen los designios de quienes las manejan a su antojo. El de la opinión pública dependiente hasta grados insospechados, de la opinión publicada.
Algunos filósofos dicen que “la realidad no es la realidad, sino la percepción que se tiene de la realidad”. En el mundo actual (signado por la decisiva presencia de los medios de comunicación en la vida cotidiana), la percepción que la gente tiene de la realidad, está poderosamente influenciada -fundamentalmente- por la radio, los diarios y revistas y, más que nada, por la TV.
Y como desde que el mundo es mundo la historia es escrita por los que ganan, es prácticamente nula la posibilidad de las ovejas de entender que puede haber otro libreto, diferente y más ajustado a la realidad. Más aún, quien piensa distinto a la “historia oficial” es un herético, y será merecedor de la vituperación y el escarnio.
G. W. Bush es todo un maniqueo: interpreta la realidad como una dicotomía entre el bien y el mal.
De un lado, desde luego, está él, la Democracia, Dios, los valores humanos positivos, la Verdad.
Quien no está con él, es su enemigo.
Antes, quien opinaba distinto era comunista. Ahora, es terrorista o le hace el juego al terrorismo internacional.
Quien piensa distinto a él, representa el Mal, la mentira, los sentimientos más abyectos de la especie humana, el mismo Demonio.
Su fundamentalismo no difiere del fundamentalismo de sus enemigos: para los que se inmolan transformándose en bombas humanas, Bush es la personificación del Mal y del Demonio.
Uno necesita del otro para autojustificar su accionar.
Quienes están convencidos de que las elecciones que lo llevaron a la presidencia implicaron abusos del poder político, recuentos de votos dudosos que alimentan con fuerza la sospecha (o la certeza) de que hubo fraude electoral, que más de noventa mil personas fueron privadas injustamente de su derecho a votar, seguramente serán tratados como “enemigos de la verdad”, así sean la Secretaria de Estado de Florida o el New York Times.
Quienes afirman que se usó conscientemente un falso pretexto (las armas químicas) para invadir Irak, con la consiguiente muerte de miles de hombres, mujeres y niños inocentes, y que el verdadero objetivo fue tener un control efectivo del Medio Oriente y acceder al petróleo, serán considerados como traidores que son funcionales con su manera de pensar al terrorismo internacional.
Cambiemos el escenario pastoril. En los momentos que siguieron al terrible atentado producido en Atocha, la opinión pública española “compró” la artera versión del pastor y los perros ovejeros: Aznar se encargó de que la prensa española proclamara a los cuatro vientos que el autor de tantas muertes de inocentes, había sido ETA.
Habida cuenta del tremendo poder del cuarto poder, quienes manejan a los rebaños saben que para el gentío, la verdad no es la verdad, sino lo que dice la tele y demás medios.
Si lo dice la tele, es palabra santa.
El problema es que la mentira no se sostiene por demasiado tiempo.
Conforme las ovejas fueron saliendo del redil, y se fue sabiendo por Internet y por medios de comunicación extranjeros que la responsabilidad de las bombas era del grupo terrorista Al-Qaida, y que lo de ETA fue una maniobra de la cupula político para prolongarse en el poder, la suerte de Aznar estuvo echada.
Doscientos muertos y mil ochocientas personas heridas es el primer precio que está pagando España por ingresar a una guerra que le es ajena, en la que fue metida de prepo por Aznar y el Partido Popular, ya que la inmensa mayoría del pueblo español estuvo y está en contra de la participación en esta invasión, aliados con los anglosajones.
Es tan poderoso el poder y la influencia de los medios en la mente de la gente, que días pasados, en un foro electrónico, se discutía el tema de los atentados de Madrid. Varios miembros participantes, ante la evidencia y el secreto a voces de la responsabilidad de Al-Qaida no convencidos con la realidad y adocenados por el gobierno y los medios, decían cosas como: “Pero seguramente ETA está implicada, y habrá colaborado con Al-Qaida” o “Esto lo han tramado entre ambos” y “Lo de Al-Qaida es un invento de los socialistas, lo digo yo que soy pepetero y ésa no me la como.”
Vayamos ahora a otra comarca de pastores y rebaños. Admitamos desde luego que Chávez es un “pastor” controversial, con numerosos flancos débiles, fruto de su extrovertida personalidad; pero el tema de base es que tuvo la osadía de no respetar las decisiones del dueño del circo.
En pleno festival de privatizaciones mundiales en el que el mejor alumno fue don Carlos Saúl, Hugo Chávez tuvo el tupé de oponerse a la privatización de uno de los principales patrimonios de Venezuela (junto a la riqueza mineral y a la fábrica de “Miss Mundos”): el petróleo.
Los planes conspirativos contra el presidente venezolano (que no excluyen su desaparición física), se suceden unos tras otros, y encuentran terreno propicio en medios de comunicación que responden a los designios de la oposición y de quienes por “culpa” de Chávez están perdiendo la posibilidad de hacer negocios fabulosos.
El vínculo entre los pastores de turno con ciertos perros ovejeros ha sido inmejorable en Argentina. El paradigma seguramente es la Revista Gente, que fue funcional tanto a la dictadura militar en épocas en que el lema de Videla y compañía era que “los argentinos somos derechos y humanos”, como durante el menemismo y su fiesta fashion.
En esos respectivos momentos no hablaba de la “otra” realidad: la de los miles de desaparecidos en el primer caso, y la de la pérdida del patrimonio nacional y la entronización en el poder político de la impunidad y la corrupción.
Por eso no es casual el esfuerzo que el Dr. K dedica a su relación con los medios de comunicación, controlando minuciosamente qué se dice y cómo se dice, y utilizando los recursos a su alcance, que no son pocos, para que los perros ovejeros sean funcionales a su gestión, y no le ladren a él.
Como en última instancia el objetivo de los medios de comunicación como empresas que son, es el lucro: la mejor noticia es la que vende. Y en el caso de diarios y revistas, los recursos ingresan por la venta de ejemplares, pero fundamentalmente por las pautas publicitarias.
Y las partidas que los gobiernos nacionales, provinciales y municipales tienen para gastos publicitarios no sólo no son desdeñables, sino que pueden decidir, de alguna manera (especialmente en los medios de comunicación independientes y de pequeña y mediana envergadura), su continuidad o su desaparición.
Esta realidad limita fuertemente la posibilidad de que se alcen voces discordantes, que se refieran a otra lectura, distinta a la de la “realidad oficial”
Y cuando surge alguna noticia que escapa del control de los dueños del circo, generalmente la estrategia es “matar al mensajero” antes que responder a las acusaciones. Tal es el caso de la denuncia de Elisa Carrió y su fuerza política opositora -el ARI- sobre la presunta vinculación del gobierno con la empresa pesquera Conarpesa y su relación con el aporte económico a la campaña electoral de Kirchner.
Más allá de que prospere la investigación (ya le iniciaron una demanda legal a Lilita), es bien sabido que la corrupción en la política se inicia precisamente en el período preelectoral, con los compromisos a futuro que adquieren los candidatos con algunos representantes del poder económico, al necesitar aportes de dinero para financiar sus campañas.
Por razones económicas y por el afán de incrementar sus ingresos, buena parte de los medios de comunicación mundiales son funcionales a los gobiernos de turno, tienen la consistencia del corcho (siempre flotan) y gozan de aptitudes camaleónicas (se amoldan a los vientos que soplan).
Ayer presentaban la “verdad” desde la visión de la dictadura militar, hoy presentan la “verdad” desde la visión de los familiares de los desaparecidos. Ayer, para los perros ovejeros, los “buenos” eran los militares y los “malos” los guerrilleros subversivos y los que pensaban distinto a los dictadores, y hoy los “buenos” son las víctimas de la dictadura militar. Y los extremos se tocan. Ambas visiones de la realidad son parciales, sesgadas, reduccionistas, y por tanto, mentirosas.
Quienes repudian todo tipo de violencia de arriba o de abajo, del asesinato como método de solución de conflictos o para imponer una ideología, siempre quedan descolocados ante estas visiones parciales y maniqueas de la realidad, en donde todo se presenta como o blanco o negro, sin reconocer que entre ambos colores existen una infinita gama de grises y claroscuros.
Quienes sostienen la teoría de los dos demonios serán desde luego repudiados por unos y por otros. Lejos del equilibrio, de la difusión de los miles de grises, el revanchismo ideológico pretende ver la realidad exclusivamente desde su cristal, y promete un monumento para recordar sólo parte de lo que pasó en los setentas, en el predio de la tristemente célebre Escuela de Mecánica de la Armada.
¿Por qué no recordar todo lo que pasó, incluidas las muertes inocentes de uno y otro lado, a la luz de la tolerancia, la no violencia, la construcción pacífica de un nuevo país?
En esta tarea (de los que tienen la sartén por el mango) de conducir a las masas en función de sus intereses y objetivos, ha surgido algo que atenta contra el connubio del poder de turno con los influyentes medios de comunicación: la libertaria difusión de lo que sucede, la presentación on-line y al instante de otras visiones de la realidad, la lectura de las voces discordantes, que no se contentan con la “verdad envasada” y sí hurgan en la realidad para encontrar y difundir la “Verdad Verdadera”, la verdad con mayúscula.
Me refiero a Internet y lo que implica el libre tránsito de la información.
La revolución de las comunicaciones contribuyó a que se supiera de uno y del otro lado del muro lo que en realidad ocurría, y tuvo que ver en la caída del mundo comunista. De alguna manera, (y lo sucedido recientemente en España es la muestra), este anárquico y poderoso instrumento que es Internet, podrá colaborar para que las democracias sean más democráticas, se desprendan de métodos espurios, de actos de corrupción, y del sutil o flagrante manejo de la información a su arbitrio y conveniencia.
Porque un pueblo adecuadamente informado y ávido por la verdad, no podrá ser nunca tomado como esos dóciles borregos que van por el camino que pastores y perros ovejeros quieren, por más que estos ladren, por más que los pastores agiten amenazadoramente su cayado.


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31. Reflexiones desde el ombligo del mundo

La distancia geográfica generalmente invita a apreciar la realidad desde una perspectiva quizás más objetiva y no tan subjetivizada como cuando se percibe en carne propia, en el día a día.
Seguramente los argentinos de la diáspora tendrán una visión menos descalificadora acerca de la realidad de su país, y hasta quizás puede que valoren muchas cosas más allá del tango, el folklore y la carne, que cuando vivían en Argentina.
Es que los argentinos nos caracterizamos (entre otras cosas), por cierto espíritu melancólico y autodestructivo que se evidencia poéticamente en muchas letras tangueras, y también dolorosamente, en nuestra deslucida y mediocre historia política y sus fatídicas consecuencias en la calidad de vida de la gente.
Cuzco (o mejor dicho Qosqo, que en idioma quechua significa “ombligo”), es la ciudad viva más antigua de América Latina, y Machu Picchu, la ciudadela sagrada, un lugar de peregrinación de miles de turistas del mundo entero.
Estos ámbitos, cargados de energía, de historia y de cultura, invitan a la reflexión. No todos los días podemos encontrarnos con nosotros mismos, respirando aire puro y contemplando el Wayna Picchu y las abruptas laderas que caen a pique hasta llegar al valle por donde corre con fiereza el Urubamba, el río sagrado de los Incas.
Desde Cuzco, ombligo del mundo, y Machu Picchu, las respectivas capitales política y religiosa de los Incas, desde donde escribo esta nota entre caminata y caminata, la visión de mi querido país es muy distinta a la visión estresante que uno posee cuando está continuamente bombardeado por noticias y titulares que nada aportan a la información valiosa ni a la cultura general.
Todo esto, matizado de un amarillismo que embrutece y desvía la atención: hoy será la prisión a Soldán y a la Rímolo, ayer la involuntaria y milagrosa experiencia de caída libre de la Pradón, y mañana... vaya uno a saber qué “importantísimo” tema concitará la atención de buena parte de la prensa, para regocijo del morbo y la mediocridad.
Cada vez que por razones profesionales o en viaje de estudios me encuentro en algún país hermano, la sensación que experimento es agridulce: por un lado, el reconocer desde la inevitable comparación, que tenemos un país maravilloso, y por otro, la triste conclusión de que la corrupción institucionalizada y la falta de patriotismo son, quizás, las principales causas de que países como el nuestro vean cada vez más lejano el horizonte del progreso y el bienestar general.
En el caso de Perú las sensaciones son muy particulares, pues se trata de un país cuyos habitantes tienen un cariño especial por la patria natal de quien también es su prócer y libertador.
Una estrofa del Himno Nacional peruano se refiere expresamente al que logró derrotar a los descendientes de quienes destruyeron el imperio Inca:
“Ya el estruendo de broncas cadenas / que escuchamos tres siglos de horror / de los libres el grito sagrado / que oyó atónito el mundo, cesó. / Por doquier San Martín inflamado / Libertad, libertad pronunció, / y meciendo su base los Andes / la anunciaron, también, a una voz”
Una de las primeras reflexiones se refiere sin dudas a la estupidez humana, a la imposibilidad manifiesta de solucionar los problemas y conflictos que nos aquejan, a la idiotez de no poder vivir en paz, de recurrir continuamente a la violencia en nombre de Dios, de la Democracia y de la Paz al no poder, no saber o no querer concluir armoniosamente los diferendos políticos, religiosos o económicos.
A la estulticia de invertir fortunas colosales en la industria bélica.
Al exitoso esfuerzo para agredir permanentemente la única casa que tenemos: el planeta Tierra.
Al igual que aztecas y egipcios, los incas adoraban al sol, fuente de vida, y también rendían culto a la naturaleza y sus manifestaciones: la madre tierra (pachamama), el árbol, que les brindaba sombra, calor y alimento, el agua de sus ríos y vertientes.
El oro no tenía valor económico sino una simbología religiosa.
Una visión de la vida un tanto distinta a la actual.
Otras reflexiones me llevaron inevitablemente a preguntas relacionadas con la actualidad de nuestra Argentina, de EE.UU, de España y de este globalizado mundo del tercer milenio.
Es como si uno no pudiera sustraerse de este ritmo alocado que nos impide ver los datos de la realidad con una visión más profunda y sin libretos preestablecidos por quienes quieren que pensemos lo que quieren que pensemos.
Y como sigo enganchado con el tema del artículo anterior, vuelvo a la carga con el cuarto poder, y las contradicciones entre la libertad de prensa y la libertad de empresa.
Por caso, la sutil censura inicial o el patrioterismo que no cuestiona, o la autocensura de muchos periodistas norteamericanos para evitar el escarnio de ser considerados poco menos que traidores a la patria o pro terroristas, ahora está dando lugar a una más sana postura que critica cada vez con mayor intensidad la decisión de Bush y sus asesores de invadir Iraq bajo la supuesta bandera de la democratización y la lucha contra el terrorismo internacional.
Los falsos pretextos para justificar en nombre de la libertad y la democracia la invasión de un país, no pudieron sostenerse por mucho tiempo, y menos aún, a partir de este involucramiento de varios países, con EE.UU. a la cabeza, en una guerra de larga data entre árabes e israelíes, que lejos de resolver el conflicto, está causando caos, excesivas muertes de soldados norteamericanos (más de cien sólo en el mes pasado), y un futuro poco claro para la región.
En esta nueva y valiente postura, podemos citar -por ejemplo- a Bruce Ramsey, columnista de The Times, quien se atreve a sugerir que, efectivamente, Estados Unidos se está comportando como una potencia imperialista: “Our government openly reserves the right to strike first, anywhere in the world, to prevent the possession of weapons that we have and our friends have. That is the prerogative of an imperial power”.
"Nuestro gobierno se reserva abiertamente el derecho a atacar primero, en cualquier lugar del mundo, de prevenir la posesión de armas que tenemos y que nuestros amigos también tienen. Ésa es la prerrogativa de una potencia imperial".
La censura no siempre opera en función de razones humanitarias, sino más bien para ocultar realidades que pueden herir de muerte la agresiva política de Bush.
La imagen de tantos féretros de soldados americanos muertos en esta terrible post invasión con gusto a Intifada, es algo que la opinión pública norteamericana no “debe” ver.
Los mecanismos de la mente humana son insondables.
De pronto, en la maravillosa quietud del paisaje selvático que rodea a Machu Picchu, me viene a la mente la imagen del mejor alumno de Bush de los últimos tiempos, a quien no le fue para nada bien: su artera manipulación de la información le costó el puesto a José María Aznar y, como broche de oro, Zapatero, el nuevo mandatario español, asumió su compromiso de retirar las tropas españolas de Iraq, en un todo de acuerdo con el sentir mayoritario del pueblo español, que ha ofrendado tantos muertos civiles por haberse involucrado en una contienda que no le pertenecía, bajo el dudoso discurso de enrolarse contra el “terrorismo internacional”.
Pero más aún, el Tribunal Supremo ha rechazado el recurso que planteó contra el plan Ibarretxe, un plan de renovación direccionado del Estatuto de Autonomía del país vasco.
Los catalanes van por el mismo camino con un pacto de gobierno del PSOE y Esquerra Republicana de Cataluña, que ha subido mucho en porcentaje de votos situándose en la 3ª fuerza política.
Según este plan, se mantendría un status de doble nacionalidad en las personas y el país vasco funcionaría como país asociado a España.
Este cavilar sin pautas preestablecidas me lleva a reflexionar sobre la “deuda eterna” argentina, y la forma negativa en que influirá la probable suba de las tasas de interés en EE.UU., un país cuya endeudamiento para el 2004, superará holgadamente los 570 mil millones de dólares previstos.
Las cosas no son color de rosa en la economía estadounidense: los precios al consumidor han aumentado sutilmente en lo que va del año, lo que implica una inflación agazapada y la respuesta a esto, será seguramente una suba en las tasas de interés.
Casual o causalmente, una de las razones de esta suba en indumentaria, transportes y salud, ha sido por el 5% de aumento de los productos petroleros.
Más de un mal pensado ha aducido desde el inicio de los hechos en Medio Oriente, que la verdadera causa de la invasión a Iraq tiene el color del oro negro.
Cuzco es una ciudad de aspecto colonial español, típico de los pueblos de Andalucía, con la característica de que está construída sobre las ruinas de piedra del Qosqo incaico: piedras magistralmente ensambladas, de bordes perfectos, unidas sin necesidad de argamasa.
De cada diez peruanos, ocho opinan negativamente de la gestión de Alejandro Toledo, el presidente democráticamente elegido.
Todos estamos convencidos de que la mejor forma de gobierno (o la menos mala), es la democracia, pero queda claro que por caso no ha logrado ni siquiera atemperar en parte la pobreza y las injusticias en que millones de personas viven o sobreviven en la mayoría de los países latinoamericanos.
Peor aún, escudados en la misma democracia, encontramos en todas partes a numerosos integrantes de legislaturas, jueces y gobernantes definitivamente corruptos.
No es casual que más de un taxista de Cuzco, haciendo de improvisado guía turístico, al pasar por la Avenida del Sol, frente al edificio del poder judicial peruano, me lo definieran con la frase: “Este es el Palacio de la Injusticia".
Cuando Kirchner surgió de la nada hasta atesorar un apoyo popular superior al 80%, me llamé a silencio para no volver a equivocarme.
Lo mismo pasó en su momento con Alfonsín y con Menem, quienes gozaron -al comienzo de su gestión- con el apoyo masivo de la gente.
Así nos fue. El día que el Dr. K se deje de revolver heridas, de mirar la dolorosa historia reciente con un solo ojo, y se conozca cuál va a ser la política nacional en materia de salud, de educación, y se precise cuál es (si existe) o será el Plan Estratégico Nacional para los próximos 5, 10, 15 ó 20 años, entonces comenzaré a abandonar mi lógico escepticismo.
¿Dónde está el equipo de especialistas en planificación estratégica del país? ¿Qué datos y hechos de su gestión puede aportar el Dr. K, para demostrar que es un estadista? ¿Cuáles son las políticas de Estado que apuntan a cambiar las causas profundas de los males que aquejan a la nación?
Las reflexiones cuzqueñas me conducen a preguntas, muchas de ellas sin respuesta.
¿Servirá de algo el endurecimiento de las penas propulsado por el Sr. Juan Carlos Blumberg, el papá de Axel, el joven secuestrado y asesinado, cuando menos de un 1% de las causas que llegan a la Justicia reciben una sanción adecuada? ¿Es ese el camino?
¿Los avatares de Silvio Soldán son suficientes como para que olvidemos que han “desaparecido” explosivos con poder casi ocho veces superior al que destruyó la Asociación Mutual Israelita Argentina?
Aparte del rimbombante pedido de captura internacional contra el ex presidente Carlos Saúl, ¿Se lo juzgará también por lo que implica el haberse vendido durante su gestión todos los intereses estratégicos nacionales?
¿El estado de salud del único argentino que dio satisfacciones y alegrías a todo un pueblo, hará que nos olvidemos definitivamente de las denuncias del senador arrepentido, cuyo nombre ya ni me acuerdo? ¿Qué medidas de fondo está impulsando el actual presidente para transformar el país de los argentinos en una nación próspera y con calidad de vida para todos? ¿Qué medidas ha tomado -por ejemplo- para erradicar la política prebendaria y clientelística?
De pronto, instintivamente, tomo noción de que estas preguntas me impiden disfrutar en toda su dimensión este paraíso en la Tierra que supieron construir los Incas, que mañana es mi viaje de regreso y que ya tendré tiempo de sobra para preocuparme.
Entonces trato de poner la mente en blanco.
Respiro profundo, observo esta maravillosa naturaleza en estado salvaje que me rodea, guardo en su estuche mi laptop -que poco tiene que ver con el ambiente que me rodea y que contiene estas reflexiones que surgieron nada menos que desde el impresionante ombligo del mundo- y me pierdo en este derroche de paz y naturaleza sin par.
Junio 2004