Por eso considero interesante consignar a modo de epílogo, algunas cosas que deberán tenerse en cuenta en la construcción de esta nueva cultura cívica de los argentinos.
1.- Abjurar de los mesías terrestres
La definición de Mesías que nos brinda el diccionario de la Real Academia es por demás elocuente. Hay un Mesías celestial, y hay mesías terrestres.
La primera acepción se refiere obviamente a la creencia cristiana en Jesús como Salvador de la humanidad.
La segunda acepción es una lamentable deformación del concepto anterior. En este sentido, un mesías es un “sujeto en cuyo advenimiento hay puesta confianza inmotivada o desmedida”
En el inconsciente colectivo afecto a las soluciones mágicas y alejadas del esfuerzo personal cotidiano, el mesías es ese padre magnánimo que nos va a brindar bienestar económico, que va a solucionar todos los problemas, que nos va a salvar a nosotros y al país.
Desde que tengo uso de razón han desfilando por la Casa Rosada y las gobernaciones numerosos gobernantes elegidos y de facto, que habían asumido ese rol mesiánico avalados por el imaginario popular que siempre los esperaba con los brazos abiertos.
Porque para que esta situación se haya dado por encima de toda bandería política, está claro que el mal es de raíz, y hace a uno de los aspectos más nocivos de la sociedad argentina.
Porque nadie que se crea mesiánico hubiera podido llegar al poder, si no hubiera habido un pueblo iluso que cree en los mesías iluminados, un pueblo que practica la cultura de esperar las soluciones mágicas.
Los principales enemigos de la democracia son los mesías y demagogos, que hacen de la política el arte de engañar a la gente diciéndole lo que quiere escuchar, y haciendo lo contrario.
Al país nunca lo va a arreglar una sola persona.
El cambio empieza por cada uno en el ámbito en el que se mueve, vive, trabaja, se relaciona con la gente, y a partir de la cultura del esfuerzo, la cultura del trabajo honrado, la cultura de perseguir la justicia, la cultura de no tolerar la corrupción, la cultura de ser éticos, la cultura de cumplir y hacer cumplir la Ley, la cultura del respeto de las instituciones, la cultura de controlar a nuestros empleados los gobernantes, la cultura del propio ejemplo.
2) El liderazgo debe ser ejercido por la gente
Los partidos políticos son imprescindibles en las democracias, porque son el instrumento para llegar al poder y administrar el Estado en pos del bienestar general.
Pero si la gente honrada no participa, nunca se van a depurar las estructuras corporativas que los manejan actualmente.
Si quienes han hecho de la ética una bandera de vida no se involucran en los movimientos políticos actuales o creando nuevos, otros ocuparán esos lugares, con las consecuencias que están a la vista.
La esencia del éxito de los países con elevado desarrollo social, está en la activa participación de sus ciudadanos en la problemática política.
No meterse en política es pecar por omisión. Es tener la comodidad y la haraganería de pensar que un mesías hará todo por nosotros.
Y peor aún, es no supervisar la actividad de nuestros gobernantes. Los gobernantes son empleados a sueldo de los ciudadanos. Son propiedad pública. Y deben cumplir su función con ética, capacidad, transparencia y rendir cuenta de sus actos. Y es la gente, el pueblo, los ciudadanos,, los que deben ejercer férrea y sistemáticamente el control de gestión de sus mandatarios.
Mandatario significa que hubo un contrato consensuado por medio del cual la gente le dio el mandato de gestionar con eficiencia los destinos de la Nación.
Y si no cumple con ese mandato, que se haga cargo de las consecuencias.
3) Abjurar del pretexto del enemigo externo
Abjurar significa retractarse de creencias que uno ha tenido, renegando de ellas incluso públicamente.
Los que han usufructuado el poder en nuestro país siempre han encontrado un enemigo externo para justificar su falta de gestión, su escasez de logros.
El “enemigo externo” es la salida para justificar la propia inoperancia y a la vez pretender zafar de la sanción con el pretexto del “yo no fui”.
El “enemigo externo” tiene muchas caras. Desde luego que para los gobernantes entrantes siempre es “la gestión anterior que dejó el país como lo hemos recibido”, pero también puede ser según las circunstancias y las ideologías del momento, la izquierda apátrida o la derecha vendepatria, el imperialismo yankee o la internacional socialista, las multinacionales o la patria contratista.
La comodidad de pensar en el supuesto “enemigo externo”, implica pensar ilusoriamente que nos liberamos de toda responsabilidad en la causa de nuestros males, sin querer entender que muchas veces, somos nuestros propios enemigos.
4) Tener un Proyecto de País
No hay Nación soberana sin proyecto de país, sin una Planificación Estratégica que diseñe en prospectiva la Argentina del segundo centenario de la Revolución de Mayo, la Argentina del año 2020, del 2030.
No se puede ni por asomo pensar en lograr un país digno y respetable, si en vez de planes de mdiano y largo plazo, nos manejamos con la cultura de la inmediatez, implementando parches para superar la coyuntura económica, política y social.
Sin Plan Estratégico Nacional, no hay crecimiento sustentable, se vive para el día a día, no se puede proyectar una visión de futuro, no se puede integrar y desarrollar las regiones bajo un objetivo común, se pasa espasmódicamente de una economía cerrada, del compre nacional y la sustitución de importaciones, a una economía abierta de mercados desregulados que destruye a las PyMes y enajena buena parte de los bienes del país. Y viceversa.
Sin Plan Estratégico Nacional, en vez de combatir la corrupción y achicar el Estado, se emite moneda sin respaldo, se endeuda al país con los organismos internacionales de crédito, nos sometemos a una presión tributaria asfixiante. Si no se puede llenar un tonel porque tiene agujeros y pierde agua, la solución no es poner más agua sino tapar los agujeros por donde el agua se pierde.
¿Tenemos claro qué país queremos, y qué país podemos llegar a diseñar?
¿Cuál debe ser el camino del crecimiento nacional? ¿El alto consumo interno a partir de una redistribución de los ingresos? ¿Una Argentina agro exportadora pero con productos con alto valor agregado? ¿Una Argentina industrial? ¿Una Argentina que desarrolle sistemáticamente la innovación, la creatividad, la ciencia y la técnica? ¿Una Argentina educada? ¿Una Argentina con una fuerte presencia mundial integrada al MERCOSUR?
¿Una Argentina con Polos Regionales de Desarrollo que reviertan la tendencia de diáspora provincial y generación de grandes asentamientos en los suburbios de las grandes ciudades?
5) Facilitar el Desarrollo de Fuentes de Trabajo
La apertura indiscriminada de los mercados destruyó miles de empresas nacionales y como consecuencia de ello, infinidad de fuentes de trabajo desaparecieron, ingresando millones de argentinos en el terrible camino de la desocupación y la pobreza.
La gente que dispone de su capital intelectual y económico y en vez de dedicarse a colocar su dinero a buen resguardo en paraísos fiscales, lo pone en su país para la generación de fuentes de trabajo, lejos de ser apoyada con créditos accesibles y menor presión tributaria, termina siendo atacada de tal modo por la AFIP y acorralada por los intereses bancarios leoninos, que o le impiden crecer, o la condenan a desaparecer.
¿Y el sentido común?
6) Reinstalar en el Corpus Social la Cultura del Esfuerzo
Debe trabajar el hombre
Para ganarse su pan
Pues la miseria en su afán
De perseguir de mil modos
Llama en la puerta de todos
Y entra en la del haragán
José Hernández, Martín Fierro
Para ganarse su pan
Pues la miseria en su afán
De perseguir de mil modos
Llama en la puerta de todos
Y entra en la del haragán
José Hernández, Martín Fierro
Las corporaciones políticas que constituyen la lacra de la democracia, necesitan de una enorme masa de pobres e ignorantes que voten a sus candidatos a cambio de una supuesta ayuda social que sólo los condena al clientelismo.
En vez de ser indignas dádivas, los planes que se llaman “Trabajar”, y “Jefas y Jefes de Hogar” deberían ser planes que asignen recursos para la autoconstrucción de viviendas, la gestión de micro emprendimientos cooperativos, la capacitación de la gente para insertarse en la vida laboral. Pero estos objetivos no figuran en la agenda de ningún político en ejercicio del poder público.
En el otro extremo del espectro social, también existe la cultura del no esfuerzo, pero en este caso adquiere otra fisonomía: la de la meta de hacer la plata fácil.
7.- Reformar la Política y el Estado
Los estatistas quieren un Estado grande de mercados regulados. Los neoliberales quieren un estado pequeño de mercados libres de restricciones.
Todos deberían hablar de un estado eficiente y eficaz.
Personalmente no estoy ni a favor ni en contra de las privatizaciones.
Si estoy en contra de la corrupción estructural.
Sí estoy a favor del control de gestión de las grandes empresas relacionadas con nuestros intereses estratégicos estén o no privatizados.
Yo no hubiera estado a favor de la privatización por ejemplo de YPF, si hubiera tuviera tenido la garantía de que aún siendo estatal, se eliminaría la corrupción en que estaba inmersa. (Recordar el capítulo 8, donde me refiero a la “diplomacia generativa”)
Sí estoy en contra la lacra que representan las reparticiones oficiales supernumerarias.
Por otro lado, estoy decididamente a favor de todas las medidas que se tomen para eliminar de cuajo la política prebendaria, clientelística, corporativa, con medidas que he citado a lo largo de este volumen.
En Suiza, los ediles de los cantones van a sesionar a últimas horas de la tarde, después de haber trabajado durante todo el día en el ámbito privado. Otro tanto pasa en el Municipio de Maldonado, Uruguay, donde no cobran por su tarea de ediles de la Junta Departamental. Es un honor y un compromiso cívico para ellos el representar a sus ciudadanos desde un cargo político. En estas latitudes, los cargos públicos que ostentan los políticos forman parte de una profesión: “trabajan de políticos”, y muchos de ellos aprovechan su rol para hacer sus propios negocios, para gozar de privilegios, para el doble discurso de 2digo lo que quieren pero hago lo que quiero”.
8. Somos lo que hacemos
Hay una frase que se remite a una de Jesús Cristo (“Por sus obras los conoceréis”), y que tiene demasiados padres a lo largo de las décadas: Jean Paul Sastre, André Malraux, Alain Touraine, Fernando Savater.
La frase en cuestión es: “El hombre es lo que hace”.
Somos hijos de nuestras obras.
Y la obra más magnifica que puede concretar un ser humano es… ser humano. Y no es un mero juego de palabras. Para realmente ser humano es menester que seamos fieles a nuestra esencia racional y trascendamos a partir de nuestro obrar en función de la especie humana. Es decir que habremos sido humanos, si a lo largo de nuestra vida hicimos cosas positivas por los demás seres humanos.
Lo sintetizo en esta otra frase, que se me acaba de ocurrir:
“Tener para Ser, Ser para Hacer, Hacer para Trascender, Trascender para Ser Humano”.
Esto conlleva el practicar el valor humano más importante de todos, común a todas las religiones y visiones éticas de la vidas: el amor.
En esta época donde el individualismo, la corrupción y la falta de honor forman parte del escenario cotidiano, es bueno recapacitar sobre:
- quienes pasan por la vida sólo para tener y acaparar fortunas que no se llevarán a la tumba,
- quienes trascienden en la vida y después de ella,
- quienes en realidad pasan por la vida como meros animales irracionales, o como vegetales que nacen, crecen, se reproducen y mueren.
- quiénes son los vivos y quiénes son los muertos.
Para ser humano hay que cumplir con una misión que nos diferencia de los vegetales y de los animales irracionales: desarrollar nuestro raciocinio y nuestros talentos para el bien, es trascender con acciones que nos enaltezcan, es el equilibrio de ser - tener - hacer. Es practicar la conciencia social, el altruismo, es pensar en los demás.
¿Están muertos San Martín, Moreno, Belgrano, el Perito Moreno, Alberdi, Sarmiento, Favaloro?
¿Están vivos los que llevaron el país a la debacle económica y fabricaron millones de pobres?
Los vivos deshonestos y corruptos son muertos que siembran la muerte.
Los muertos que a partir de sus obras dan vida, están eternamente vivos, más allá de su propia muerte.
Estos últimos son (deberían ser) nuestro ejemplo de vida.
Comencé este camino de reflexionar sobre la actualidad sociopolítica argentina, a partir de Favaloro y el texto que escribí el día de su muerte.
Y termino este libro gracias a la vida que Favaloro sigue dando a través de su obra y de sus seguidores.
Y me explico:
Lejos estaba de pensar que cinco años después de su muerte terrenal, Favaloro habría de prolongar mi vida y la calidad de la misma.
Recientemente miembros de su equipo me diagnosticaron un severo trastorno de la conducción eléctrica cardíaca y me colocaron en la Fundación Favaloro un marcapasos de última generación.
Después de quince años de luchar por la educación en mi país, los mediocres de siempre, los ineptos que calientan asientos en las esferas oficiales, los que le negaron ayuda a Favaloro, los que por su inacción y falta de apoyo a la educación dejaron que decenas y decenas de escuelas desaparecieran, son los que lograron también quebrantar mi salud.
Son muertos que creen estar vivos, y pasarán a la posteridad sin pena ni gloria.
Mientras que por el otro lado, un ser humano que trascendió por sus obras, René Favaloro, de la mano de gente que forma parte de la Fundación, como el Dr. Eduardo Gabe, me permite retomar una vida activa sin riesgos cardíacos.
Antonio Muñoz Feijoo, un colombiano nacido en el pueblo blanco de Popayán, escribió estas tres excelentes estrofas que dejo a modo de epílogo, para que quede claro quién es quién, quien le ha dado sentido a su vida y quiénes no merecen ser considerados seres humanos:
No son los muertos los que en dulce calma
la paz disfrutan de la tumba fría;
muertos son los que tienen muerta el alma
y viven todavía!
No son los muertos, no, los que reciben
Rayos de luz en sus despojos yertos;
Los que mueren con honra son los vivos
Los que viven sin honra son los muertos.
La vida no es la vida que vivimos.
La vida es el honor y es el recuerdo
Por eso hay muertos que en el mundo viven
Y hombres que viven en el mundo muertos.