20070807

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6. Poder Legislativo, Poder Judicial, y la Enciclopedia de la Infamia


Internet es un excelente vehículo para entender una de las mayores causas de por qué Argentina está como está.
Basta que el lector desprevenido acceda al Web Site de la Procuración del Tesoro de la Nación, en el cual se encuentra el copioso "Informe Preliminar sobre Beneficios Jubilatorios Especiales", o como se dice en el lenguaje del hombre de la calle, las famosas "jubilaciones de privilegio".

Nombres ignotos, apellidos famosos, funcionarios de alto o pequeño nivel, de diverso tinte político (radicales, peronistas, frepasistas, de la época de la dictadura, etc.)... Todos están hermanados en sus graciosas prerrogativas que no son otra cosa que una terrible burla a la inmensa mayoría del pueblo argentino que sufre su cuarto año de recesión, con el PAMI quebrado y los jubilados sin atención, con quitas en el presupuesto de salud y de educación para poder pagar los servicios de la deuda externa, con la incorporación mensual de 60.000 nuevos pobres al mapa social de un país que se cae a pedazos.

Argentina, que vive de ajuste en ajuste, tiene áreas inmunes al mismo: las conformadas por el poder legislativo y judicial y el de los mandatarios y personal superior a cargo de al administración de intendencias, gobernaciones y Estado nacional.

Es que existe un lema tácito, no escrito, que quienes mandan asumen a rajatabla: "El ajuste es para la gente, no para sus dirigentes".

La clase política constituye un ghetto exclusivo y exquisito que tiene en su conjunto la mayor parte de la responsabilidad de por qué nuestro país se encuentra como se encuentra.

Mientras muchos jubilados que trabajaron y aportaron al fisco durante toda su laboriosa vida, cobran poco más de 100 dólares por mes, el listado de jubilaciones de privilegio nos indica la holgada situación de gente que se jubiló llena de júbilo a los 40 años, con un ingreso mensual de unos 3.500 dólares, simplemente por el hecho de haber estado unos meses en la función pública.

La provincia de La Rioja encabeza el ranking de la infamia: seiscientos once individuos perciben entre ellos mensualmente U$S 2.716.086 es decir que anualmente se llevan del erario público la suma de U$S 32.593.032
Pero aquí no termina la cosa... También hay "jubilados especiales", que además de recibir suculentas cifras mensuales, también cobran otros ingresos como miembros activos de organismos oficiales. Estos montos, llegan hasta los 9.200 dólares mensuales, como es el caso de un integrante del poder judicial, que recibe dicha cifra, más la jubilación de $ 4.762, o sea casi U$S 14.000 mensuales...

Repasando una de las listas que por ser tan numerosas están por orden alfabético, constituyendo algo así como la "Enciclopedia de la Infamia", hay un tal Carlos Omar Menem que se jubiló a los 44 años, y que percibe $ 5859 como "jubilado", más $ 4800 por estar en actividad.

Hay dos Alfonsín que, más modestos, perciben cada uno $ 3.500.

Hay un absuelto (por la justicia pero no por el pueblo) Eduardo Angeloz, y hay reconocidos intelectuales y escritores famosos que también pasaron por la función pública, cuyos ingresos no bajan de los U$S 3.500

La lista de apellidos conocidos es vasta y sorprendente (si es que de algo podemos sorprendernos los argentinos a esta altura del partido...)

Lo que más indignación me provoca, es que conozco a muchos de los que allí figuran, que antes se desgarraban las vestiduras enarbolando la bandera de la ética y la democracia...

No obstante, entre cientos de nombres, de vez en cuando aparece alguien con un asterisco, que explica que esta persona "suspendió sus haberes". Toda una "rara avis" en este conciliábulo de despilfarro a costa del pueblo.

Quizás lo más simpático de todo esto es que la edad requerida para estas jubilaciones especiales fluctúa entre los 60 y 65 años. Ingenio no les sobra a nuestros políticos, para haberse jubilado entre los 39 y los 50...

Argentina y California son similares en cuanto a su población. Pero... ¿Cuánto produce California? Desde luego muchísimo más que Argentina. ¿Y cuánta gente tiene en la función pública? Desde luego que muchísima menos gente. Sería muy bueno cotejar estos datos...

¿Cómo atacar este mal endémico, esta estructura consolidada que escudada en la bandera de la democracia esconde la más oprobiosa ineptitud, la mediocridad en procederes y actitudes, y tolera y sustenta semejante corrupción estructural?

¿Qué pasó con las denuncias de corrupción en la Cámara de Senadores? ¿Quién está preso? Quiénes de ellos pueden ser considerados con el sinónimo utilizado en la época de Sarmiento de "Padres de la Patria", si en realidad se han comportado como verdaderos "Hijos de P…"?

Por supuesto, hay que destruir al mensajero, y el Senador Cafiero, que denunció lo de las coimas, fue el blanco de los más arteros ataques...

Más allá de si Menem estuvo bien o mal encarcelado, y bien o mal desencarcelado por el tema de la venta de armas... ¿Se indagará alguna vez dónde fue a parar el dinero de las armas vendidas? ¿Qué pasó con los resonados temas judiciales de "los guardapolvos con sobreprecio", "la leche adulterada" del menemista Vicco, el caso "Yaciretá" que Menem en campaña describió como "el monumento a la corrupción", el caso de las "coimas IBM - Banco Nación", el probable "enriquecimiento ilícito de María Julia", el tema de la "mafia del oro"?

¿Qué margen le queda a un argentino honesto, de esos escasos 200.000 que figuran registrados y pagan sus impuestos, para creer en las bondades de ésta democracia que sólo es beneficiosa para los que están en el poder?

¿Qué seguridad le puede brindar la ineficiencia judicial? ¿Qué tranquilidad con gobernantes que sólo piensan en acrecentar su patrimonio personal?

¿Dónde fue a parar el dinero de las privatizaciones, cuando prácticamente se vendió todo el país?

¿Y dónde están los controles por parte del Estado, de las innumerables empresas que "se compraron todo"?

Demasiadas preguntas sin respuestas.

Y el mundo sigue andando, a la expectativa de qué va a suceder en este otrora maravilloso país, granero del mundo, tierra de promisión, nuevo mundo del inmigrante, paraíso en la tierra, con todos los aires, con todos los climas, con todos los paisajes de su pródiga naturaleza...

Si Argentina tiene tanta gente altamente capacitada, que descuella en todos los ámbitos del saber, que trabaja en los más afamados centros científicos y tecnológicos del mundo, ¿Cómo es posible que nos gobierne gente que individualmente puede que sea magnífica, pero que como clase política no es otra cosa que una sarta de ineptos? ¿Dónde están las políticas gubernamentales que tengan como finalidad el bienestar del pueblo, si el pueblo cada vez está peor?

¿Será una utopía que los políticos trabajen ad honorem, que se achique a su mínima expresión la estructura y los cargos de senadores, diputados, miembros del poder ejecutivo, de las gobernaciones y de los municipios?

¿Será una ilusión pensar que alguna vez los jueces se dediquen a hacer justicia, y hagan tronar el escarmiento, por más gordo que sea el pez?

En la plaza principal de mi ciudad natal, Mar del Plata, se construyó una fuente con agua que en vez de cumplir su cometido ornamental, mojaba a los transeúntes que distraídamente se acercaban.

El ingenio popular la bautizó ya hace más de 20 años como "la cárcel", porque "los chorros grandes van afuera, y los chicos quedan adentro".

Los argentinos nos sentimos presos en esta cárcel, víctimas de esta realidad en la que el pueblo cada vez se aleja más del bienestar, la seguridad, la salud, la educación y todos los bienes que supuestamente provee un estado democrático...

Somos prisioneros de nuestros malos gobernantes.

Finalmente, más de uno se habrá preguntado al ver que hice mis reflexiones acerca de los poderes legislativo y judicial, por qué no me referí al poder ejecutivo nacional...

¿Qué poder ejecutivo?

Diciembre 2001



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7. Un verano para la reflexión y el análisis


Con su blanca edificación que se yergue en el medio del bosque de San Rafael, la cual integra aportes arquitectónicos de la América precolombina, la América colonial, y reminiscencias de los pueblos blancos del viejo mundo, el Centro Cultural Pueblo Blanco de Punta del Este, institución dedicada a la integración e interrelación cultural regional, se ha convertido en ámbito para el análisis de la complicada situación que atraviesa Argentina, y de qué modo ésta influye en la realidad uruguaya y regional.

Éste ha sido el tema excluyente en todas las conferencias organizadas en la Universidad de Verano de Pueblo Blanco conjuntamente entre dicha institución cultural y la Editorial Planeta. Planeta eligió para el ciclo “Historias de Escritores" a cuatro calificados autores para engalanar con sus aportes la intensa actividad de Pueblo Blanco.

Desde el Escenario al Aire Libre de la Universidad de Verano, tuve la responsabilidad de entrevistar a Pacho O'Donnell (Rosas, el maldito de nuestra historia oficial), a Jaime Barylko (Yo y Tú, un mundo), a Mariano Grondona (La realidad) y a Marcos Aguinis (El atroz encanto de ser argentinos).

Pacho O'Donnell hizo una semblanza de la época del Restaurador de las Leyes, donde se rescata el esfuerzo del autor por ser ecuánime en el juicio de la posteridad con respecto a su gestión como gobernante, tratando de no caer ni en el revisionismo laudatorio ni en la crítica descarnada y tendenciosa propia del pensamiento liberal hacia Rosas.

La comparación con el momento actual no podía eludirse, surgiendo por ejemplo el concepto de que Rosas al igual que Duhalde, fue elegido por una Asamblea Legislativa, pero a diferencia de éste, no conforme con el poder que de la misma emanaba, exigió para asumir su cargo con amplios poderes, que el mismo fuera ratificado por el pueblo mediante un plebiscito.

El público participó activamente con preguntas certeras que denotaron el nivel de compenetración con el momento actual que vive Argentina, y la necesidad de encontrar soluciones adecuadas a la profunda crisis que agobia al país.

Jaime Barylko, desde una perspectiva distinta, apoyada en la sociología, la filosofía y los valores, entendió que el cambio debe ser ante todo un cambio individual, una toma de conciencia que afortunadamente se está dando a partir del cacerolazo, donde la gente desde la espontaneidad de la auto convocatoria comenzó a adquirir la conciencia de su poder y la convicción de formar parte de una nación que necesita definirse y proyectarse como tal.

Mariano Grondona, mi tercer entrevistado, giró su charla en torno al concepto de que los argentinos deben asumir su nueva realidad de ser un país pobre,
que debe redefinirse en todos los aspectos de su conformación, para refundar una nueva nación.

Por su parte, Marcos Aguinis, intelectual brillante y lleno de coraje, no dudó en llamar a las cosas por su nombre, disparando palos a diestra y siniestra contra ineptos, mediocres, incapaces y/o coimeros fueran éstos radicales, sindicalistas, justicialistas, empresarios o integrantes de otra rama de nuestra en buena parte deleznable dirigencia.

Aguinis realizó una descarnada pintura del país, sus vicios y problemas ancestrales, y un público ávido de diagnósticos y soluciones hizo al final de mi entrevista agudos planteos, aportes y propuestas, con el unánime reclamo de una justicia que funcione, el fin de la impunidad y de la falta de sanciones ejemplarizadoras para los corruptos que han dejado a la Argentina en esta dramática situación.

A pesar de ser una de las peores temporadas en Punta del Este en cuanto a presencia turística debido a la crisis argentina, el Centro Cultural se vio colmado de público en todas las actividades propuestas.

Como dijo el Dr. Avelino Porto, otro de los destacados conferencistas, la mayoría silenciosa ha empezado a hablar...
El tema es ahora cómo pasar de la protesta a la propuesta, cómo canalizar positivamente la indignación de la gente que se ha convertido maravillosa y afortunadamente en artífice de su propia historia, después de décadas y décadas de ultrajada mansedumbre.

Febrero 2002



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8. No son sólo los políticos


La vapuleada clase media, aquella que siempre toleró sin hesitarse abusos de todo tipo y especie por parte de los gobernantes de turno, finalmente reaccionó, y sumó su grito de insatisfacción al del pobrerío, al de los desvalidos de siempre, los cada vez más numerosos excluidos del sistema.

Es que esta vez osaron tocarle la más sensible de las vísceras: el bolsillo. Fue así que el pueblo argentino sin distinción de banderías encontró en la clase política a su demonio, la causa de todos sus males.

Y entonces saludable y promisoriamente ha emprendido un sistemático ataque contra sus ineptos representantes.

La mayoría ya no es más silenciosa: ahora habla, reacciona, se opone, reclama justicia. A este país que ha sido tratado como jardín de infantes (tal cual lo definía María Elena Walsh en la época de la dictadura militar), el corralito lo ha hecho madurar.

"Cuando los pueblos se cansan, hacen tronar el escarmiento", decía el viejo general.

Refiriéndose a la corrupción de nuestros congresales y de la deformación perversa del oficio de político como carrera para alcanzar velozmente y a toda costa el lucro personal, un conocido médico escribió: "Causa honda de esta contaminación general es en nuestra época, la degeneración del sistema parlamentario.

Cuando la política se degrada, se convierte en profesión.

Lo que antes era signo de infamia o cobardía, ahora se tornó en signo de astucia.

Los deshonestos son legión; asaltan el Parlamento para entregarse a especulaciones lucrativas.

Venden su voto a empresas que muerden las arcas estatales, pagan con destinos y dádivas oficiales a sus electores, comercian su influencia para obtener concesiones en favor de su clientela".

He aquí una excelente pintura del escandaloso congreso nacional y de los políticos que supimos padecer.

Al igual que los argentinos que salieron a las calles cacerolas en mano, quien escribió estos conceptos sabe de quiénes habla, y por eso lo hace con propiedad.

Sabe de la existencia de gastos superfluos, de empleados "ñoquis", de los votos comprados y vendidos, de las coimas, del tráfico de "favores e influencias”, en fin, del consuetudinario modus operandi de nuestra deleznable clase política.

El único dato que de algún modo puede llamar la atención, es que el autor de estas líneas en las que con tanta precisión se define a los políticos actuales, fue un médico fallecido en 1925: José Ingenieros, autor de "El hombre mediocre".

Achacarle a la dirigencia política y a los jueces de la Suprema Corte la culpa de la eterna postración y el fracaso de Argentina como Nación, es reducir la verdad de una manera simplista, es usar la ley del menor esfuerzo, es no profundizar en razones mucho más profundas y diversas.

Porque no son solamente los políticos.

La crisis es global y le atañe la responsabilidad a toda la dirigencia, sea esta política, económica, religiosa, sindical, empresarial o militar, y a muchos argentinos comunes que con su actitud también son culpables por acción u omisión.

Por eso avancemos un poco más. Dejemos por un momento a los que ostentan cargos políticos dentro y fuera del gobierno, utilicemos nuestro razonamiento para analizar a estos otros responsables, y veremos con dolor que son muy pero muy pocos los que quedan libres de culpa y cargo en esta sociedad enfermiza y decadente.

Hagamos entonces un boceto de los otros causantes de que estemos como estamos:

1.- Los empleados públicos

Los políticos argentinos son apenas un emergente de una manera de ser, hacer y ver el país cuyas consecuencias sufrimos todos por igual.

La corrupción es histórica, y forma parte de la trama social, de la estructura del estado, de la inmensa mayoría de los ámbitos y corporaciones que constituyen la nación, de esas sucesivas seudopatrias que postergaron ab aeternum nuestro futuro de una sociedad mejor para todos (patrias sindicalista, contratista, financiera, bancaria).

Un concepto que ahora todos compartimos, "Si hay corrupción, no puede haber Nación", ya fue dicho nada menos que por Manuel Belgrano hace casi doscientos años, en los albores de nuestra conformación como Nación.
A fuer de cometer el error propio de todas las generalizaciones, y habida cuenta de que son escasísimos los lugares donde hay gente que escapa de esta categorización, comencemos por un nido de la corrupción estructural: el excesivo staff de las plantas permanentes de funcionarios públicos de municipios, gobernaciones y reparticiones públicas nacionales.

Es ese monstruo paquidérmico, ineficiente y oneroso, el meticuloso ejecutor de la máquina de impedir que funciona a la perfección en oficinas oficiales.

Supernumerario, sin capacitación continua, alejado de los conocimientos mínimos que deben poseer los integrantes de las organizaciones modernas, es uno de los sacos rotos por donde se pierde el esfuerzo de los argentinos que pagan sus impuestos.

Aun los políticos con buenas intenciones al poco de asumir su cargo, son devorados por el monstruo asfixiante de la burocracia estatal, constituido por la escoria de la política.

El origen es polimorfo: son pocos los funcionarios de carrera, y muchos (demasiados) los amigos a los cuales se les devuelve el favor por haber "colaborado con la campaña" con un puesto en el gobierno, puestos pactados previamente con un puntero barrial, cargos reservados para un sindicalista que "movilizó gente", para "gente que hizo proselitismo para el candidato"...

La lista es infinita, y es así que quedaron en planta permanente estas excrecencias de los gobiernos de turno, ya sean de facto o democráticos, contribuyendo eficazmente al incremento inconmensurable de ese eufemismo que llamamos "gasto público".

En vez de generar en municipios y provincias actividades y emprendimientos que se dediquen a la producción de bienes, los políticos año a año, gestión tras gestión, han contribuido al incremento en el número de empleados públicos.

Es así que son mayoría los municipios y provincias donde una de las principales fuentes de trabajo es ser empleado del gobierno.

La escena grafica un día tipo en una repartición oficial de un municipio: Al cohete pero muy temprano, ya llegan a su "puesto de trabajo".

Toman mate, leen el diario, comentan el partido de fútbol de la noche anterior, hasta que se hacen las ocho y media de la mañana y llega el descanso de rigor con el cafecito y las medias lunas.

Atienden al público como si se le hiciera un favor, mueven expedientes con la velocidad de una tortuga, y esperan ansiosos la hora para retirarse a sus casas.

El razonamiento simplista del político es causa de la prolongación endémica de este mal: "Si se redujera a un límite lógico la cantidad de empleados de planta, quedaría muchísima gente sin empleo ni beneficios ni "conquistas sociales", ocasionando el enrarecimiento del clima social, aumentando el desempleo y por ende agrandando la crisis".

Desde luego que no son tareas que figuren en la agenda de prioridades de ningún político el generar micro emprendimientos, grupos cooperativos para implementar planes de vivienda o producción de insumos básicos agrícolas, el favorecer medidas que apunten a la autonomía económica de tanta gente, etc.

Es más fácil vivir a expensas del Estado, o sea de los impuestos de los que trabajan y producen, que trabajar y producir...

2.- La justicia que no juzga

El argentino medio está absolutamente convencido de que la justicia no funciona. Que no es un poder independiente del legislativo y el ejecutivo. Que se mueve como una elite con prerrogativas y ventajas de high society que la alejan de la plebe. No pagan impuestos a las ganancias.

Son vitalicios.

Y lo que es peor, no imparten justicia con justicia.

Y sin justicia no hay país que funcione.

También el común de la gente está convencido de que los peces gordos del robo, la coima, los negociados, las prebendas y privilegios, siempre zafan, mientras que a los pobres pelagatos, a los pequeños infractores, indefectiblemente les cae todo el peso de la ley.

La lista de delitos sin sanción cometidos en las últimas dos décadas es infinita, y justifican el descrédito y la total falta de confianza del pueblo en la justicia de nuestro país.

La enumeración de tanto affaire sin castigo sería de nunca acabar.

Pero el tema, insisto, es primariamente cultural.

Es una excepción a la regla encontrar un juez de cámara, un secretario de juzgado, un abogado que en su escala de valores figure primero la patria.

La mayoría tiene como meta en lugar de "hacer la patria" un norte más terrenal, concreto e inmediato: "hacer la plata".

3.- Los protagonistas de la "diplomacia generativa”
El término "diplomacia generativa" es una sofisticada manera de llamar a un sistema de concreción de obras públicas, en la que los actores salen beneficiados a costa de los ciudadanos.

La diplomacia generativa tiene objetivos nobles y atendibles, pero el camino para llegar a ellos está sembrado de corrupción.

Ejemplo: un grupo de empresas privadas al borde de la desaparición por falta de trabajo, detecta una necesidad de la gente. Digamos por caso, la construcción de una ruta asfáltica para reemplazar a un camino de ripio que comunica varias localidades provinciales, o la construcción de casas dentro de un plan de viviendas.

Entonces alguien se presenta ante las autoridades gubernamentales pertinentes, le propone realizar la ruta o el barrio en cuestión, se arma la licitación pública, se elige al mejor oferente, y la ruta se hace.

Hasta aquí todo bien. Pero veamos los pormenores.

Las empresas contratistas que ingresan en la licitación, conforman una especie de "club" o "liga" y acuerdan previamente cuál será de todas la que realizará la obra, presentando el presupuesto más bajo.

Ese precio más económico, en realidad es exorbitante: digamos el doble o mucho más de lo que realmente cuesta hacer el trabajo.

Lo que pasa es que la empresa adjudicataria para haber ganado se comprometió a abonarle a cada una de las empresas que forma parte del "club" una suculenta comisión en mérito a haberse presentado en la licitación con propuestas inaccesibles.

Además, deberá restituir el dinero que el club le dio a los gobernantes de turno para que aprobaran la idea y efectuaran el llamado a licitación.

Estas sumas (siempre millonarias), van en parte a las arcas del político para financiar futuras campañas, y/o directamente para sus ávidos bolsillos.

Todo se hace de guante blanco. Por ejemplo, una consultora fantasma, con sede en Panamá e integrada por testaferros del gobernante de turno, es “contratada” por quien gana la licitación, para que lo asesore sobre la misma. Excelente pantalla. El gobernante recibe sus dinerillos en un banco off-sore, y su nombre no figura en ninguna nómina.

Es así como la "diplomacia generativa" logra concretar muchos objetivos: se hace la ruta o se hacen las viviendas, lo cual es bueno, pero también se hace que políticos y empresarios incrementen notoriamente sus ingresos, y el pato de la boda es el pobre contribuyente, que paga con excesivo sobreprecio una obra que se podría haber hecho por muchísimo menor costo. Con la plata mal habida de funcionarios y empresas, se podrían haber construido no una sino dos rutas y/o dos barrios de viviendas...

4.- Los proveedores del Estado

Otro tanto con muchos de los proveedores de insumos, materiales, alimentos, etc. para dependencias del Estado nacional. El esquema es que se paga por un bien o servicio un plus que va a parar a la empresa beneficiada y al funcionario espurio, lo que significa que con el mismo costo se podía haber brindado por ejemplo a las escuelas y hospitales públicos más alimentos, más medicamentos, más comida, más material didáctico, etc. etc.

5.- Las seudopatrias

Eufemísticamente se les ha dado el nombre de "patrias" a los grupos y corporaciones que por encima de los intereses de la nación, presionan para lograr enormes y descabellados beneficios para su sector. Las "patrias" sindicalista, bancaria, financiera, contratista, son ejemplos concretos de este cáncer que carcome a la verdadera patria, y que alternativamente han ocupado el sitial protagónico en la historia del país, a costa de los ciudadanos honestos.

6.- Argentinos sin sentido de pertenencia

Comencemos por muchos empresarios. No son malos en su rol. De hecho, si su negocio ha sobrevivido a 20 años de pésimas políticas gubernamentales y a varios años de recesión, algún mérito han de tener.

¿Sería entonces justo considerarlos con una cuota parte de responsabilidad en la debacle de Argentina?

Únicamente, si el análisis lo hacemos desde el sentido de pertenencia.

Cada empresa que por ejemplo se fue a Brasil alentada por las ventajas impositivas, significó una contribución significativa al aumento de la desocupación.

¿Y qué iban a hacer? ¿Quedarse y fundirse como tantas miles de empresas, desamparadas por un gobierno que pretendía hacernos creer que ya estábamos en el primer mundo?

Otro tanto en el caso de los miles de argentinos que tienen en cuentas de bancos ubicados en paraísos fiscales del extranjero, un monto igual o superior al de nuestra deuda externa.

¿Son apátridas por no haber invertido en el país y no haberle proporcionado empleo a cientos de miles de argentinos?

¿Acaso fueron más vivos que los idealistas que sí confiaron en el país y quedaron encerrados en el corralito?

Los problemas a resolver

¿Cómo recuperar la confianza en las instituciones de la democracia?

Las letanías, las falsas promesas y la defraudación moral a la gente, forman parte de la trama de nuestra historia contemporánea: ("Hay que pasar el invierno", "El que apuesta al dólar, pierde", "Hay que juntar plata y tejer bufandas para los soldaditos de Malvinas", "Después se va a devolver sin problemas lo del ahorro forzoso", etc. etc.) La gente, el pueblo, los ciudadanos no confiamos en los políticos que supimos conseguir.

Ni en la mayoría de los legisladores.

Ni en muchos de los que aplican justicia.

No confiamos en los sindicalistas.

No confiamos en los banqueros.

Sólo confiamos en nosotros mismos.

No esperamos nada de gobiernos corruptos.

Pero alentamos la esperanza de contar en esta refundación que llevará su tiempo, con gobiernos honestos, porque sí confiamos en las instituciones republicanas.
Estamos presenciando y sufriendo en carne propia los estertores agónicos de un país que desaparece y que nos sigue causando mucho daño.

Mucha gente honesta ha quebrado económica y moralmente.

Millones de sueños y de esfuerzos de toda una vida han sido tronchados.

Las embajadas no dan abasto para atender a los argentinos de la diáspora.

El gobierno actual, de Duhalde con Alfonsín entre bambalinas, es más de lo mismo, y la gente lo percibe.

El presidente (legal pero no legitimado por la gente), parece haber entrado en una anomia delarruesca fruto de las presiones internas y externas que recibe y que lo llevan errático a andar y desandar caminos.

En el túnel sólo se ve oscuridad, o sea que no se ve nada. Pero detrás de la crisis que recién comienza y que puede llegar a extremos y consecuencias inimaginables tenemos la necesidad y el compromiso de gestar una nueva república sin los vicios y errores de la primera.

Gestar una nueva Argentina, con el cambio cultural y de esquemas mentales que esto conlleva, será doloroso y complicado y llevará décadas.

No son solamente los políticos los responsables de que haya llegado Argentina a este estado terminal.

Por eso la idea de esta nota de explicitar otros bolsones de corrupción y otras causas de porqué se llegó a esta situación.

Pero como los honestos son mayoría, sólo resta la esperanza de que la toma de conciencia que comenzó con los cacerolazos, se consolide en nuevas ideas, nuevas actitudes, nueva gente para un nuevo país.

El parto será doloroso, largo, terrible, pero recibiremos nosotros (o nuestros hijos, o nuestros nietos) alborozados a una nueva y gloriosa Nación, la nueva Argentina que se gestará a partir de la revolución de los honestos, de los patriotas, de los ciudadanos cabales.

Marzo 2002



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9. Cambiar o Morir


Mi entrañable amigo Gabriel, un mexicano que por mérito propio ejerce una importante función en una compañía tecnológica de California, vino de luna de miel a Buenos Aires.

Tanto él como su bella esposa estadounidense estaban maravillados por lo que veían: una ciudad impactante, majestuosa, de hermosos y sólidos edificios que en nada envidia a otras soberbias capitales del viejo mundo. Gabriel se había criado en su Tijuana natal al arrullo de los tangos que su padre le tarareaba, y entendí que la mítica figura de Gardel era un motivo más para sumarle magia a su viaje tan especial por estas tierras.

Dejando mis ocupaciones, pude con satisfacción dedicarles un día como improvisado guía turístico, y salimos muy temprano a recorrer la ciudad.

Desde el barrio de Belgrano pasando por el Museo Sarmiento que fuera sede del gobierno nacional, hasta los cada vez más escasos bosques de Palermo, el Museo de Bellas Artes, el Palais de Glace, la Recoleta, la Avenida 9 de Julio, la Avenida y la Plaza de Mayo, un café, un jugo y un tostado en el mítico Tortoni, San Telmo, La Boca y su templo, la Plaza de los dos Congresos, el edificio de Obras Sanitarias, incluido un viaje en Tren de la Costa hasta la estación San Isidro y su iglesia...

¿Qué otra cosa podía mostrarles como argentino orgulloso de la ciudad capital y sus alrededores?

Pensé convencido que la impresión de ellos sería sin dudas magnífica, en el conocimiento de que luego de visitar Buenos Aires, continuarían su periplo de recién casados por San Carlos de Bariloche y quizás el glaciar Perito Moreno.

Cartón lleno, pensé.

Pero lamentablemente, una ilimitada concatenación de hechos cotidianos para nosotros, llamó poderosamente la atención de los viajeros, habituados al rigor y orden anglosajón. La enumeración de imágenes y actitudes puede resultar anárquica, pero de todas formas ayudarán a entender la perplejidad de mis amigos: primero se percataron de que ningún automovilista utilizaba el cinturón de seguridad.

Tampoco los motociclistas usaban sus cascos, los que en muchos casos, sólo "protegían" uno de los codos del conductor. En el lento transitar por Belgrano, dos hechos desaprensivos: los escatológicos dueños de perros que sacaban a hacer sus necesidades en las veredas, silbando bajito y mirando para otro lado, y los porteros de los edificios (desconocedores de la escoba), que limpiaban las aceras a fuerza de hectolitros y hectolitros de agua que derrochaban desde sus generosas mangueras.

Otros hechos significativos para ellos: descubrir que aquí los semáforos son básicamente unos interesantes elementos decorativos cuya misión es prender luces de colores sin significado alguno para automovilistas y transeúntes, que las calles pueden ser utilizadas como divertidas autopistas donde la consigna es pasarse de carril sin avisar, y que aquí de ninguna manera para doblar hay que utilizar las luces de giro.

Otro detalle destacable fue el convencerse de la pulcritud de los conductores porteños. No es difícil presuponer que el interior de sus automóviles está de punta en blanco, a juzgar por los papeles, colillas de cigarrillos, latas de gaseosas y paquetes de cigarrillo vacíos que arrojaban desaprensivamente desde sus automóviles a la calle, transformada en una especie de basurero colectivo.

También habrán entendido que las líneas de cebra de las esquinas porteñas no son para que crucen los transeúntes porque lo usual era hacerlo por cualquier lado menos por ahí.

De todas maneras, los que "equivocadamente" decidían cruzar en las esquinas, debían esperar el paso de los automovilistas, que al menos en Argentina, evidentemente son los que tienen prioridad de paso.

Un detalle sutil: sabedor de que siempre hay alguien que cruza los obsoletos pasos a nivel del tren estando la barrera baja, un agazapado policía se entretenía con devoción en hacerle la boleta a quienes así lo hacían, en vez de estar cerca de la barrera y a la vista de todos, para persuadir a los conductores de que desdeñaran esa conducta transgresora y hasta suicida.

Está claro. De esta otra manera no ingresarían dineros para las exhaustas arcas de la repartición.

Y pudieron apreciar entonces, que la tarea en Argentina no es educar sino sancionar.

Visto todo desde esta perspectiva, hasta parece maravilloso que nuestro país pueda funcionar. ¿Pero realmente funciona? ¿Y por qué allá, en el norte, en el primer mundo, las cosas sí funcionan? ¿Tienen más y mejores leyes? Al contrario. Tienen menos, tan claras y precisas como las nuestras, sólo que allí las respetan.

Son ordenados.

Son metódicos.

Son sistemáticos.

El respeto por la ley y los reglamentos forma parte de su educación, de su esencia, y si no cumplen, saben que deberán afrontar todo el rigor de la justicia.

Están acostumbrados a vivir en un mundo organizado, y por ello no les es difícil ser puntuales, respetar el derecho de los demás, amar el trabajo, pagar sus impuestos, tener una solidaria conciencia comunitaria.

Hace unos años, fui durante un mes a hacer un curso de capacitación a Massachussets, y me alojé en una casa de familia en las afueras de Harvard.

Allí vi y entendí los postulados básicos de una familia tipo: orden, esfuerzo, honradez, responsabilidad, deseo de superación, organización, respeto por los horarios, limpieza, ética en procederes y actitudes, un método para cada cosa, sistematización de actividades, capacitación continua, amor por el país.

Cada uno tenía en su placard un gran canasto de mimbre donde debía colocar la ropa sucia, y el día sábado había un horario para cada que uno se la lavara, secara y planchara. Una vez por semana cada uno hacía la comida para el resto, y cada uno tenía su día para lavar los platos (incluidos los chicos).

La comparación era inevitable, al pensar sobre la manera en que muchos argentinos educan a sus hijos, alejándolos de todo esfuerzo y responsabilidad, y retardando por ello indefinidamente su maduración.

Me llamó la atención lo que interpreté como "frialdad anglosajona" para los afectos.

Nunca vi a los padres abrazar o besar a sus hijos ni hacer ninguna demostración de cariño al "uso nostro".

Pero por otro lado, sí observé con sana envidia que tienen desarrollado el concepto de "familia grande", de "gran familia nacional", homologados y confundidos todos en uno solo al amparo de sus símbolos patrios.

Recuerdo ahora una visita a Disneyworld, en la que presencié sobre un lago artificial en horas de la noche un sorprendente espectáculo de sonido, imágenes de rayos láser y aguas danzantes, que se inició con el himno nacional de los americanos del norte.

De pronto, la multitud se puso de pie, colocó su mano derecha sobre el corazón, y cantó a coro y a viva voz, con unción y respeto, las estrofas:

"Tis the star-spangled banner! Oh long may it wave / O'er the land of the free and the home of the brave." (Aún allí desplegó su hermosura estrellada, / Sobre tierra de libres, la bandera sagrada!)

Negros, blancos, amarillos, cobrizos, sajones, latinos, orientales, musulmanes, judíos, protestantes, católicos... todos uno solo, hermanados en la identidad nacional y en lo que su bandera representa.

Recordemos con vergüenza la manera en que nosotros apenas balbuceamos las estrofas de nuestro himno nacional, y ya tendremos otro elemento para entender qué tienen ellos que nosotros no tenemos.

Y hablando de identidad nacional... Otro tanto me tocó presenciar en un congreso internacional de educación que se realizó en Caracas, hace ya un lustro.

El conferencista cubano dio una magnífica muestra de su amor por la patria. Dijo: "- Puede que no hayamos comido, puede que no hayamos satisfecho nuestras necesidades básicas, pero a la mañana siguiente, en el horario establecido, los docentes cubanos estamos como todos los días al frente de nuestra clase, junto a nuestros alumnos".

Pavada de fervor patriótico, que en nada se parece a idénticas circunstancias con actitudes diametralmente opuestas que nos son más familiares...

Herederos de las conducciones paternalistas, del mundo feudal conducido por la cruz y la espada, del absolutismo monárquico que se recreó en la imágenes de los caudillos, o del estado omnímodo y benefactor, los argentinos siempre esperamos la presencia de ese padre que solucione todos nuestros problemas, a modo de mesías redentor.

Quizás ahora que hemos tocado fondo, entendamos por fin que nada se puede esperar de arriba, que los que están conduciendo el país son nuestros empleados y que deben rendirnos cuenta de sus actos, y que el cambio comienza no desde arriba sino desde abajo, no por decreto sino por decisión de la gente, no masivamente sino a partir de cada uno.

La única manera de construir un nuevo país, una segunda república, esa Argentina eternamente anhelada pero siempre postergada, es empezando desde cada uno. "Sé tú mismo el cambio que quieres ver en el mundo", decía Mahatma Gandhi. La única forma de refundar la patria, es a partir del ejemplo cotidiano que cada uno debe brindar, haciendo estricto control de gestión de quienes a nuestro servicio, ejercen la función pública.

Abril 2002